REVISTA BIMESTRAL
ABRIL - MAYO 2017 I NUMERO 149
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Ciclo completo, una estrategia para ganar peso de faena

 
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Redacción: Lic. Daniela Novelli
Gestión de contenidos y redacción

Edición: Lic. Camila Pía Gandía
Jefa de Prensa

 
   

Con cerca de 51 millones de cabezas, la Argentina satisface la demanda interna de 44 millones de personas, pero con un escaso margen exportable. Para incrementarlo y lograr novillos de más de 450 kilos, el INTA recomienda hacer cría, recría y engorde.

Entre 2011 y 2013, la Argentina recuperó parcialmente su stock que aumentó de 47,8 millones de cabezas a 51 millones. Esto implica una producción bruta en kilos de carne suficiente para satisfacer la demanda interna –44 millones de personas que consumen entre 60 y 65 kilos per cápita al año–, con un diferencial exportable escaso. ¿Cómo resolver la eficiencia pone la encrucijada entre aumentar la cantidad de cabezas o el peso del animal a faena? De acuerdo con especialistas del INTA, las posibilidades del país para incrementar el tamaño de los rodeos están acotadas si se tiene en cuenta el avance de la superficie agrícola y el desplazamiento de la actividad pecuaria hacia zonas periféricas.

En ese contexto, recomiendan el diseño de sistemas de ganadería bovina que comprendan cría, recría y engorde y prolonguen el tiempo de recría hasta obtener animales de entre 270 y 300 kilos. En la terminación, este incremento permite lograr novillos de más de 450 kilos –peso de exportación– con buena calidad de carne y le brinda al productor más plasticidad económica para actuar en diferentes contextos de mercado.

 
   

Aníbal Pordomingo, coordinador del Programa Nacional de Producción Animal del INTA, señaló la importancia de aumentar el peso de faena. "Luego de la tasa de procreo que requiere más tiempo para modificarse, es la variable de mayor sensibilidad para mejorar la eficiencia productiva del stock nacional", explicó. En esa línea, ponderó el potencial de este tipo de unidades económicas para adaptarse a sistemas pastoriles y semipastoriles y retener mano de obra en sus planteos. No obstante, "son las que tienen menos capacidad para incorporar tecnologías de intensificación, absorber costos de transacción o reciclar rápido el capital en terneros y novillitos", analizó.

Francisco Santini, especialista del INTA Balcarce–Buenos Aires–, recomendó la realización de ciclos ganaderos completos o procesos de cría más recría según las posibilidades productivas de la zona. "Esto le da plasticidad al sistema: si hago cría y recría y se registra una situación ambiental compleja, vendo la recría y me quedo con el capital de hacienda –vacas–", argumentó.
"Si las condiciones son favorables o hay disponibilidad de alimento a bajo costo, puedo hacer cría, recría y engordar una parte de esa recría", sugirió el especialista.

Este tipo de decisiones permitió la emergencia de ciclos completos en el NOA que, al incluir sorgos y subproductos, valorizan el grano mediante su conversión en carne. "La rentabilidad es mucho más estable en un ciclo completo que en cualquiera de los otros; todos los procesos de decisión son complejos, pero siempre es conveniente vender otras categorías productivas y no el capital de hacienda", puntualizó.

Planificar la cría

Para los técnicos, la cría involucra la gestación y la lactancia del ternero, hasta que se retira de la madre con unos 180 kilos en promedio. Esta etapa tiene una duración de 180 días que puede reducirse según la modalidad de destete que se utilice. "Más allá de la genética, las estrategias de producción en sistemas de cría definen el techo productivo del ternero", aseguró Enrique Paván, especialista del Grupo de Nutrición y Metabolismo del INTA Balcarce. Además explicó: "Restricciones severas a las vacas durante el período de gestación pueden afectar el normal desarrollo del feto, no sólo su peso al nacer y al destete, sino también el peso y las características de la res".

De igual modo, apuntó que la alteración del desarrollo normal de la lactancia causa un efecto no deseado similar. "Animales con crecimiento retrasado tendrán requerimientos nutricionales diferentes a los animales normales, y tienden a sobre-engrasarse, especialmente si se los somete a dietas concentradas no pastoriles", analizó Paván.

Fortalecer la recría y optimizar el engorde

Santini señaló que "afianzar la recría permite que el animal se desa-rrolle adecuadamente y gane en músculo y estructura para un mayor crecimiento". Por el contrario, "si el proceso se acelera, el animal tiene exceso de energía, acumula grasa y termina en un peso final de 360-370 kilos, cuando podría prolongarse el período de invernada y obtener un novillo de exportación", agregó.

 
   

Para regular la tasa de crecimiento es recomendable ajustar la dieta al potencial genético. "Se busca una ganancia de peso de entre 500 y 600 gramos por día y, aunque depende del biotipo, en general la recría debería finalizar con un novillito de entre 270 y 300 kilos", puntualizó. Además, la alimentación puede afectar algunas variables de calidad de carne como color de la grasa y sabor. En ese sentido, Paván dijo: "Aquellos animales que perciben buenos planos nutricionales durante la recría presentan una mejor distribución de la grasa". También ponderó el nivel de adopción del encierre a corral en sistemas de producción de base pastoril del país. "Es una herramienta muy útil para lograr los últimos 70-100 kg y los 6-8 mm de espesor de grasa dorsal, necesarios para no comprometer la calidad de la carne, y ayudar a cumplir el requisito del consumidor de tener grasa más blanca", dijo. En cuanto al uso de tecnologías y prácticas en la etapa del engorde, Santini indicó: "Hoy es posible terminar un animal a los 18 meses cuando antes se requería más de dos años".

Pesos pesados

Muchas veces la producción de novillos pesados encontró resistencia en el sector, debido al supuesto de que registran inconvenientes de terneza, sabor y otros atributos de calidad. De acuerdo con Pordomingo, "en Argentina, este tipo de animal fue discriminado por las preferencias de un consumidor que se inclina por carnes de animales más jóvenes y livianos, aunque frecuentemente incorpora animales de mayor peso y edad sin advertirlo".
Así, destacó la necesidad de realizar un madurado en frío de la carne durante, al menos, una semana en condiciones óptimas de sanidad e higiene. "Sin perjudicar sabor o frescura, esta práctica garantiza terneza y permite introducir animales de mayor peso a la faena al mercado; por no aplicar este proceso, perdemos la posibilidad de producir más kilos de carne con la misma cantidad de animales y de alta calidad", afirmó.

Desplazamiento

Según Santini, un gran porcentaje de los suelos que se utilizaban para generar carne a bajo costo y en sistemas con pasturas, hoy son agrícolas. Esto provocó que "la ganadería se relocalizara, tanto en distintas regiones del país, como dentro de los predios, y registrara un proceso de intensificación basado en insumos, que le dio competitividad a otras zonas, pero hizo más vulnerable la actividad frente al aumento de los costos de producción", observó.