REVISTA BIMESTRAL
ABRIL - MAYO 2017 I NUMERO 149
EL INTA Y LOS PROFESIONALES
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El desafío de producir y preservar el ambiente en el sur

 
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Redacción:
Lics. Laura Pérez Casar y Daniela Novelli
Gestión de contenidos y redacción

Edición: Lic. Camila Pía Gandía
Jefa de Prensa

 
   

El cambio climático y el manejo ganadero podrían, a largo plazo, transformar los pastizales patagónicos. Monitoreo ambiental, recuperación de tierras y protección de la vegetación son los ejes del trabajo del INTA.

Los pastizales naturales se destacan en la aridez de la escena patagónica: sirven de sustento a miles de familias que se dedican a la cría de ovejas, vacas y cabras y son refugio de plantas y animales nativos y fuente de forraje. El INTA impulsa estrategias de manejo que preservan la estepa y los mallines, aportan sustentabilidad y hacen factible la vida rural en la zona austral. Además, promueve la recuperación de tierras afectadas por erosión y desertificación, mediante la siembra de especies nativas.

 
   

La Patagonia Sur tiene un paisaje donde predominan las estepas de coirones y arbustos, salpicado por humedales con fisonomía de pradera. Allí, se asientan alrededor de 5.000 establecimientos agropecuarios cuya principal actividad es la ganadería ovina extensiva. Según datos del INTA y de los censos ganaderos provinciales, en Chubut el 79,2 % de las explotaciones tienen menos de 1.000 ovejas; el 15 %, entre 1.000 y 3.000 y sólo el 5,8 % más de 3.000. En Santa Cruz el 42,6 % son medianos productores con entre 1.000 y 5.000 animales; el 29 % posee más de 5.000 cabezas y el 28,3 %, menos de 1.000.

En Tierra del Fuego, el 50 % de los establecimientos registran más de 5.000 ovinos y constituyen el 91 % de las existencias totales de la provincia. "La gran diversidad de productores determina la acción de los extensionistas, quienes deben transferir el manejo adaptativo en función de las posibilidades de cada escala", observó Virginia Massara Palletto, del INTA Chubut.
Durante tres décadas, el INTA evaluó más de 5 millones de hectáreas mediante técnicas que buscan regular la carga ganadera y mejorar la condición del pastizal y de la hacienda. "Los métodos desarrollados reemplazan la tradicional asignación fija de animales en cada potrero por una asignación variable año a año, de acuerdo con la disponibilidad de forraje", dijo Guillermo García, especialista del INTA Esquel.

 
   

Además, destacó la importancia de llevar a cabo una estrategia de manejo adaptativo que incluya recorridas y monitoreos del campo y el análisis de información satelital y de productividad animal. Actualmente, estas prácticas son los requisitos para acceder a diferentes herramientas de promoción como los créditos de la Ley Ovina Nacional.
"Esto permite planificar en forma periódica el uso de los recursos forrajeros y hacerlo de mejor manera", remarcó García y aseguró que "el manejo adaptativo es un modelo que requiere un proceso de planificación continua, lo que garantiza ajustar el conocimiento sobre el sistema y, al mismo tiempo, evaluar tanto el éxito de la práctica como su validación".

Diagnosticar para actuar

A largo plazo, el cambio climático y los diferentes tipos de manejo ganadero podrían transformar los pastizales patagónicos y la diversidad vegetal y acentuar la pérdida de materia orgánica del suelo. El INTA creó la red Monitoreo Ambiental para Regiones áridas y Semiáridas –MARAS– que utiliza un protocolo de observación validado, para conocer el estado actual de las tierras y establecer bases para el monitoreo a futuro.
Junto con las comunidades locales, la Fundación ArgenINTA y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el INTA instaló una red de 380 monitores, desde La Pampa hasta Tierra del Fuego. Según Gabriel Oliva, técnico del INTA Santa Cruz y coordinador de la red MARAS, "el sistema está orientado a evaluar cambios en el suelo y la vegetación a escala regional". Esos instrumentos son "herramientas valiosas que pueden proporcionar datos vinculados con la estructura y funcionamiento de estos ambientes, de manera sistemática y objetiva", consideró.

 
   

Jorge Salomone, director del INTA Chubut y uno de los precursores de los monitoreos en la zona, dijo: "Facilita el registro de invasiones biológicas, extinciones locales y cambios en la química, física y almacenamiento de carbono en los suelos". Además, destacó el aporte de este tipo de investigaciones para "certificar el uso sustentable de la tierra en las principales actividades económicas de la región".
Para Salomone "las intervenciones realizadas ayudan a entender el efecto de eventos de sequía y catástrofes naturales, así como orientar políticas de mitigación e implementar estrategias de rehabilitación de los sistemas degradados". En esa línea, indicó: "A futuro, el conocimiento generado también permitirá cumplir con los requerimientos de monitoreo de las Convenciones Internacionales de Desertificación y Biodiversidad".

Recuperar tierras erosionadas

Desde hace 25 años el INTA trabaja en recuperar áreas afectadas y el inadecuado manejo del pastizal. Así, impulsa la plantación de especies nativas que promueven la cobertura vegetal en zonas erosionadas y la fijación de médanos. "La cobertura vegetal reduce la velocidad e impacto de las gotas de lluvia; disminuye la consecuente remoción de partículas, nutrientes, semillas y material vegetal; atenúa la erosión del viento y aumenta la infiltración, lo que implica mayor disponibilidad de agua para las plantas", señaló Adriana Beider, responsable del vivero de especies nativas del INTA Chubut.

Hoy están bajo tratamiento 75 hectáreas, con 75.000 plantas de las especies: botón de oro (Grindelia chiloensis), mata mora (Senecio filaginoides), zampa común (Atriplex lampa) y zampa crespa (A. sagittifolia). Las tareas de fijación de médanos se realizan en 6.000 hectáreas, con Elymus racemosus subespecie sabulosus "cuya principal característica como restauradora es que, una vez colonizado el médano, declina su vigor y la vegetación natural vuelve a poblar el área afectada", explicó.

Proteger la vegetación

El INTA Chubut tiene una colección de germoplasma de 35 especies y Santa Cruz de 300, ambas integran la Red de Bancos y Colecciones de Germoplasma del INTA.
éstas "aseguran la continuidad de producción en años que, por diversas causas, presenten dificultades para la colecta", precisó Beider. A mediano plazo, las semillas se conservan para investigación, multiplicación e intercambio con otras instituciones.

Oasis patagónicos

 
   

Los mallines o áreas de humedales cubren cerca del 5 % de la región, generan hasta 20 veces más forraje que las estepas circundantes y regulan la hidrología. Por su potencial, el INTA promueve su manejo, mediante la planificación del pastoreo y adopción de la intersiembra, "que ayuda a preservar la biodiversidad de estas zonas y permite hasta cuadruplicar la producción de forraje", indicó Carlos Lloyd, del INTA Esquel. Consiste en la siembra directa de semillas de forrajeras que se adaptan a las condiciones de suelo de cada mallín. "Al no remover la cubierta vegetal, es posible conservar esa cobertura natural entre los surcos y, a su vez, proteger el suelo de la erosión", aseguró.

Por su parte, Victor Utrilla, del INTA Santa Cruz comentó que "estos ambientes son los sitios más buscados por los animales y un manejo adecuado puede darles períodos de descanso que aumentan su productividad y suministran reservas forrajeras". La interacción con la fauna Con el foco en la preservación de los pastizales naturales y el manejo adaptativo, el INTA trabaja en el relevamiento y seguimiento de las poblaciones de guanaco. En Santa Cruz se relevaron desde 2013 alrededor 280 mil hectáreas, en las áreas de mayor concentración de la especie y se estudia su efecto sobre los pastizales naturales.