REVISTA BIMESTRAL
ABRIL - MAYO 2017 I NUMERO 149
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La polinización aumenta los rindes de más del 70 % de los cultivos

 
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Redacción: Lic. Daniela Novelli
Gestión de contenidos y redacción

Edición: Lic. Camila Pía Gandía
Jefa de Prensa

 
   

A medida que las abejas transfieren el polen en las flores, logran la fecundación de los óvulos y permiten que las plantas formen semillas y frutos. El INTA ponderó el impacto de este servicio ambiental sobre la producción de alimentos y la protección de la biodiversidad.

Aunque siempre se asocien con la miel, las abejas potencian la producción de una gran cantidad de alimentos como manzanas, peras, cítricos, almendras, arándanos, hortalizas, girasoles y muchos otros. Investigaciones realizadas por especialistas del INTA en la Argentina reafirman las estadísticas globales e indican que más del 70 % de los cultivos, en promedio, depende de la polinización para aumentar los rendimientos. Para Alejandra Palacio, de la Unidad Integrada INTA-FCA Balcarce y coordinadora del Programa Apícola (PROAPI) del instituto, "la apicultura en su sentido amplio aporta a la economía y a la sociedad mucho más que miel: a pesar de la escasa valorización que existe en nuestro país, el rol de las abejas es fundamental en la polinización de muchos cultivos y en los servicios ambientales".

 
   

También es una importante alternativa para las economías regionales y la agricultura familiar y resulta una excelente herramienta de desarrollo. "El escaso requerimiento de capital y tierra, fácil acceso a la tecnología de producción, uso de mano de obra intensiva, amplia distribución territorial y mercado asegurado son características propias de la actividad apícola que han sido importantes en el desarrollo de diferentes territorios", indicó.
En base a la miel, la actividad demostró "alto potencial y constituye un ejemplo de cadena agroalimentaria que posiciona al país entre los líderes en producción y exportación mundial", aseguró Palacio. "Si bien aporta sólo un 0,2 % del PBI, juega un rol importante en el mercado internacional ya que el destino principal de la producción de miel es la exportación", explicó. Argentina es actualmente el tercer productor mundial, detrás de China y Turquía, y el segundo exportador, con el 11 % del volumen total.

Claves para la producción de alimentos

"Sin los agentes polinizadores, sobre todo las abejas que son los principales, caería mucho la producción de alimentos a escala mundial", reflexionó Gerardo Gennari, veterinario del INTA Famaillá –Tucumán– y coordinador de un proyecto específico en el marco del PROAPI.
En el mundo se conocen alrededor de 20.000 especies, mientras que en la Argentina se han identificado unas 1.100 especies de abejas silvestres, reunidas en cinco familias. "En nuestro país, la apifauna se caracteriza por una alta diversidad, en especial en las regiones áridas y semiáridas, y es reconocido como uno de los siete centros del mundo con mayor diversidad de abejas", aseguró. Cada vez que una abeja visita una planta ambas interactúan y redunda en beneficio mutuo: el insecto consigue su alimento y la planta, la posibilidad concreta de multiplicarse, algo que no podría hacer por sus propios mecanismos naturales o le resultaría difícil.

 
   

Según señaló Palacio, "la autoincompatibilidad de las plantas –imposibilidad fisiológica controlada genéticamente de producir fruto por autofecundación–, separación espacial de flores femeninas y masculinas o diferencias en el momento de maduración del polen y estigma son situaciones en las que es indispensable la polinización cruzada".
Si bien el traslado de polen puede efectuarse por medio del viento o en algunos casos por pequeños animales, pájaros o incluso por el agua, son los insectos y, entre ellos las abejas, las responsables de la polinización de muchas especies. Los almendros dependen en más de un 90 % de la polinización por insectos, mientras que en cítricos varía entre 10 y 30 %.

De acuerdo con Gennari, "siempre que haya insectos, es mucho más efectivo el proceso de polinización y significa un impacto positivo en la producción". No sólo tiene efecto en los rendimientos sino también en parámetros que repercuten en la calidad: porcentaje de aceite en algunas semillas, contenido de azúcares en frutos, su tamaño y forma.
"En semilleros de girasol, se utiliza la polinización con abejas para hacer el cruzamiento entre líneas y lograr la obtención de híbridos", ejemplificó. Ensayos en Tucumán demostraron que el cultivo de arándano registra mejoras del 40 % en los rindes cuando es complementado con colmenas en el lote. "En promedio, una hectárea de esta producción representa 1 millón de pesos, pero 400.000 pesos de este valor se los debemos a la sinergia entre las abejas melíferas y las abejas nativas como los abejorros, entre otras", aseguró.

De acuerdo con Gennari, "con el objetivo de trabajar con otros polinizadores que presentan ventajas en relación a la abeja melífera para cultivos bajo cubierta y evitar la importación de abejorros exóticos que provocan consecuencias negativas en el ambiente", el INTA y la empresa Brometan SRL impulsaron la cría de la especie nativa Bombus atratus.
Palacio planteó que "en el mundo hay preocupación por la disminución de los polinizadores y su efecto en los ecosistemas agrícolas y naturales." Las causas de las pérdidas, tanto de los domesticados como de los silvestres están absolutamente ligadas a la destrucción de los hábitats, la exposición a pesticidas y la pérdida de biodiversidad. En virtud de esto, "es necesario aplicacr prácticas agrícolas sustentables para mantener la integridad de los ecosistemas", expresó.

 
   

Teniendo en cuenta la importancia de la apicultura como herramienta de desarrollo y su rol en relación con los servicios ambientales, la especialista resaltó: "Es fundamental mantener la competitividad de la cadena". En ese sentido, destacó algunas de las acciones del INTA PROAPI: el ajuste del sendero tecnológico para producir miel de calidad –con el uso de genética tolerante a las enfermedades de la cría y el desarrollo de acaricidas orgánicos, entre otras tecnologías–, la diversificación, el agregado de valor a la producción y el apoyo a las organizaciones de productores. "Las tecnologías que mejoren la calidad, inocuidad y funcionalidad de los productos de la colmena son claves para mantener la competitividad", comentó. Asimismo, consideró importante "avanzar en la diferenciación y diversificación de los productos de la colmena y en el desarrollo de nuevas tecnologías que permitan el aumento de la productividad frente a la constante reducción de rendimientos que enfrenta la apicultura".

Referente en conocimiento apícola

El INTA creó la Red para el Desarrollo Apícola de Latinoamérica y el Caribe –REDLAC– en articulación con los organismos científico-técnicos de Costa Rica, Uruguay y República Dominicana para impulsar el desarrollo de la apicultura en las comunidades y la incorporación de innovación a la actividad.
Cecilia Dini, coordinadora de REDLAC y especialista del Centro de Investigación de Agroindustria del INTA Castelar, aseguró: "Nos proponemos forjar las condiciones para que la región genere productos apícolas de alta calidad con valor agregado y sea distinguida por esta atribución en el mundo". El proyecto, formalmente iniciado en 2013, permitió fortalecer el vínculo con República Dominicana que lleva 20 años de historia.

"Los países respetan el planteo tecnológico del INTA", señaló Dini y citó la relevancia del protocolo Nº 11 elaborado por el instituto. Esta guía "estipula buenas prácticas para producir miel de calidad", detalló.

Beneficiosa para la salud

 
   

Otro desafío que enfrenta la Argentina es el aumento del consumo interno, que "no supera los 200 gramos por persona por año, una cifra baja si se la compara con el kilo demandado en Japón, Estados Unidos o Alemania", destacó Palacio. La miel está compuesta, en su mayor parte, por hidratos de carbono en forma de azúcares simples como glucosa y fructosa, de fácil asimilación y con un gran aporte de energía a los músculos. Posee también, minerales, ácidos orgánicos, vitaminas, enzimas, polifenoles y oligoelementos.
Por su actividad antioxidante, contribuye a proteger al organismo del estrés oxidativo relacionado con la aparición de una serie de procesos patológicos como el envejecimiento y la ateroesclerosis. De acuerdo con Luis Maldonado, técnico del INTA Famaillá –Tucumán– y especialista del PROAPI–, "la miel es una fuente de energía rápidamente disponible que mejora el rendimiento físico, especialmente en los deportistas, incrementa la resistencia, favorece la recuperación y facilita los esfuerzos reiterados y prolongados".