REVISTA BIMESTRAL
AGOSTO - SEPTIEMBRE 2017 I NUMERO 151
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GANADERÍA
Entre el potencial y la realidad

 
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Lic. en Economía y Administración Agrarias
Diego Ponti
Técnico en Globaltecnos
 
   

La ganadería argentina ha comenzado un proceso de cambio desde el 2015. Cambio en el ánimo de los productores y demás actores que forman parte activa de la cadena de ganados y carnes. Lo vemos seguido en nuestros grupos de productores; los que quedaron fuera del negocio en los últimos 12 años vuelven a interiorizarse para participar nuevamente en ganadería. Aquel productor mixto, que dejaba la ganadería en segundo plano, como caja de ahorro, como fuente de diversificación de ingresos, comienza a ver que la producción de carne puede competirle a los márgenes agrícolas de igual a igual en varias zonas -si emplea las tecnologías disponibles- como lo hizo años atrás con la agricultura.

El cambio institucional fue clave para volver a hablar de ganadería. La desburocratización, la quita de derechos de exportación, los reintegros de exportación, los avances en el blanqueamiento y transparencia de la cadena, le dieron marco a un ambiente favorable para el desarrollo de la actividad, y cumplieron con gran parte de los reclamos históricos del sector.
Sin embargo, hoy vemos que muchas de nuestras expectativas aún no se materializaron en resultados concretos. El stock, la producción y las exportaciones de carne crecen a un ritmo mucho menor de lo esperado. Entonces el interrogante que nos surge es el de identificar lo que separa las expectativas de la realidad y que es necesario considerar para acortar la distancia entre lo que queremos y lo que podemos.

Hablar de eficiencia

Desde la oferta se estila hablar del stock como termómetro del desempeño de la actividad. Las cabezas que perdimos entre el 2007/10 o las cabezas que vamos recuperando muy lentamente desde el 2011. Poco se habla de lo que producimos con ese stock, nuestra eficiencia. Históricamente, cada 100 vacas que tenemos en campo durante todo el año, sólo obtenemos entre 60 y 63 terneros. Estados Unidos tiene un stock de hacienda en pie que no llega a duplicar al nuestro, sin embargo, produce cinco veces más carne que nosotros.
El nivel de aplicación de tecnologías es en general muy bajo. Si bien hay productores de punta al frente de la innovación, es muy amplia la brecha que los separa de una mayoría atomizada en el atraso. Se dice que tenemos muchos tenedores de hacienda, pero pocos productores. Es necesario poder interpretar las verdaderas motivaciones de los ganaderos para poder bajar a campo todo el potencial tecnológico disponible y achicar la distancia tecnológica entre productores.

 
   

Servicios estacionados, planificación forrajera, seguimiento sanitario y alguna inversión en mejoramiento genético, forman parte de un paquete básico tecnológico, de fácil aplicación, pero de muy baja incorporación.
Si queremos reingresar al mundo con nuestras carnes, tenemos que volver a producir el producto que el mundo demanda: el novillo. Ninguno de los principales jugadores a nivel mundial produce carne de ternero, resulta lógico desde todo punto de vista.

Necesitamos volver a ver la ganadería con plazos más largos. Aumentar la producción forrajera, lograr más terneros con nuestras vacas, cumplir con una buena recría para llegar a terminación con la condición corporal óptima que requiere un novillo exportable.
Los costos de alimentación están en valores mínimos con respecto al precio de la carne. La situación actual es óptima para transformar maíz y pasto en carne. Hoy con 70 kg. de novillo se compra una tonelada de maíz, relación que entre el 2003 y 2016 promedió los 104 kg. de novillo por tonelada de maíz. Según el Ministerio de Agroindustria, la opción de recriar un ternero en lugar de venderlo al destete, está dando actualmente un margen bruto entre un 18% y 21% superior.

Un mercado para cada producto

La carne es uno de los commodities que a nivel mundial mejor defendió su precio en los últimos 5 años. La incursión de China en el mercado cárnico modificó la estructura de la demanda de carne en un mercado mundial cuya oferta es inelástica. En los próximos años será creciente la demanda de carne vacuna en el mundo. China hace 10 años no importaba carne vacuna, hoy importa 950 mil toneladas (4 años de nuestras exportaciones actuales de carne), y proyecta importar 1,4 millones de toneladas para el 2020, y así convertirse en el primer importador mundial.

 
   

Hay dos tipos de demanda para atender. La demanda emergente, de volumen y bajo valor, traccionada principalmente por los países asiáticos, y donde a medida que la población mejora su poder de compra comienzan a incorporar la carne en su dieta. Si bien consumen cortes de precios inferiores, en la integración final de la res son fundamentales para hacer el negocio rentable.

Por otra parte, la demanda de valor, la de países desarrollados con alto poder adquisitivo. Estos últimos, avanzan en exigencias de calidad y funcionalidad sobre los alimentos. Son claves desde el punto de vista tecnológico-innovativo, nos obligan a ingresar en un proceso de mejora continua que suma valor a todos los procesos de la cadena. En este segmento de mercado queda mucho por hacer. Volver a estar entre los principales exportadores del mundo resultará difícil sino ingresamos al mercado de Estados Unidos, México, Japón, Corea del Sur y China, hasta hoy sólo abierto para cortes congelados.

De lo potencial a lo real

Lograr traducir las potencialidades en realidades es el desafío que enfrenta nuestra ganadería. Encararlo requiere de un compromiso conjunto entre sector público y privado. Desde el sector público, además de avanzar en calidad institucional, será clave específicamente el rol de los organismos de extensión, transfiriendo tecnologías hacia los estratos productivos más rezagados con el fin de reducir la brecha tecnológica entre productores.

Desde lo organizacional, la empresa, se deben trazar objetivos concretos y definir estrategias para alcanzarlos. El crecimiento se dará internalizando innovación y conocimiento, mejorando eficiencias reproductivas, e intensificando la producción. Para ello es necesario avanzar en capacitación, gerenciamiento y la planificación estrategica de la empresa ganadera. El sector ganadero ya conoce su diagnóstico, los plazos de tratamiento son prolongados y atentan contra toda ansiedad, pero las fuerzas están alineadas en el mismo sentido.