REVISTA BIMESTRAL
OCTUBRE - NOVIEMBRE 2017 I NUMERO 152
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Los suelos estructurales
Una alternativa para las raíces de los árboles urbanos

 
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Ing. Agr. Jorge A. M. Fiorentino
M.N. 06115*01*01
Subgerente de Proyectos y Seguimiento.
Dirección General de Espacios Verdes. Ministerio de Ambiente y Espacio Publico CABA.
Comisión de Espacios Verdes y Campos Deportivos CPIA.
 
   

Las raíces son habitualmente la parte olvidada del árbol. Generalmente constituyen entre la tercera y la quinta parte del peso seco total del árbol y su expansión se extiende hasta tres veces del borde de la línea de goteo, siendo sus funciones las de sostener al árbol erguido, almacenar reservas, producir reguladores del crecimiento y absorber agua y minerales. Su distribución y profundidad son controladas por factores genéticos propios del árbol, el tipo de suelo y el drenaje. Por regla general, los arboles pueden convertirse en inestables si pierden más de un tercio de las raíces de soporte principales o sufren un proceso de decaimiento, deterioro o pudrición, considerándose que una raíz dejó de ser estructuralmente funcional cuando tiene un porcentaje de madera sana inferior a 1/6 de su diámetro.
Uno de los principales problemas que se le plantea al arbolado viario es que cotidianamente se efectúan innumerables aperturas en la vía pública, tanto en aceras como calzadas, de resultas de las cuales se provocan daños, generalmente irreversibles, en el sistema radicular de los árboles, afectando principalmente las raíces estructurales de sostén, las cuales son eliminadas en gran parte originando el debilitamiento del sistema que soporta erguida a toda la estructura aérea del ejemplar, llevando incluso a la situación extrema de su caída. En contrapartida, ejemplares sobredimensionados creciendo en sectores con un escaso volumen de sustrato adecuado para el desarrollo de sus raíces, ocasionan que éstas se desarrollen más superficialmente que lo habitual generando daños y conflictos en aceras y pavimentos siendo, al igual que en el caso anterior, generadores de situaciones de riesgo y/o accidentes. Si bien en nuestro medio el tema no ha sido demasiado investigado, existen algunas soluciones que deberían tratar de ser experimentadas con el triple propósito de garantizar la seguridad pública, mejorar las condiciones de crecimiento de los arboles viarios y disminuir los costos que su mantenimiento implica.

La importancia del suelo

Los grandes árboles que hoy se encuentran en muchas de nuestras ciudades se establecieron generalmente bajo condiciones de crecimiento completamente diferentes a las existentes en la actualidad ya que los mismos crecieron y desarrollaron en una época donde los pavimentos presentaban condiciones muy distintas a las actuales (extremadamente compactos y densos), siendo ésta una de las posibles explicaciones del por qué algunos árboles no parecen prosperar en entornos pavimentados. No es circunstancial ni debe sorprender el hecho de que los árboles tengan dificultades para instalarse y sobrevivir en ambientes urbanos, ya que los mismos rara vez fueron diseñados pensando en los árboles sino más bien éstos fueron incorporados posteriormente en un ambiente concebido para vehículos, peatones, edificios, carreteras, aceras y servicios públicos.
Los suelos urbanos son el resultado de las modificaciones a lo largo de su historia. No son fértiles, profundos, esponjosos ni bien drenados, y lo más común es que ofrezcan una gran heterogeneidad de materiales, donde las cualidades agronómicas más afectadas son la aireación y la circulación de agua. Desaparece por completo el horizonte orgánico y la estructura general, por lo que en realidad no correspondería denominarlos como suelos en el sentido agronómico del término. Como si fuera poco, los árboles urbanos deben enfrentarse con importantes restricciones y desafíos ambientales tales como el aumento del calor, la contaminación del suelo y del aire, y las interferencias de los servicios públicos, vehículos, edificios, equipamiento urbano, etc, no obstante lo cual el principal inconveniente que deben sortear es la escasez de suelo adecuado para el crecimiento de sus raíces y lo reducido de su volumen.
La inversión inicial en la elaboración de un suelo adecuado para sostener un árbol que crezca y desarrolle en forma saludable es recuperada en gran parte cuando comienza a proporcionar los servicios ecosistémicos para los que fue implantado. Un volumen adecuado del suelo es fundamental para el crecimiento y desarrollo adecuado de los árboles, ya que de otro modo, cuando los suelos son inadecuados, el crecimiento se ralentiza y los árboles desarrollan poco o mueren prematuramente.

La importancia de los suelos estructurales

Durante el proceso constructivo en una ciudad se genera un alto grado de perturbación del suelo ya que cualquier tipo de obra requerirá de la excavación del suelo, su posterior relleno y compactación, empleándose comúnmente maquinaria pesada para llevar a cabo esta tarea, lo que aumenta el potencial de compactación de los suelos. Hay dos aspectos críticos de la compactación del suelo que afectan directamente el crecimiento de los árboles al limitar el espacio de enraizamiento disponible: 1) se destruye la estructura del suelo perdiéndose la mayoría de los macroporos lo que ocasiona restricciones en el drenaje del agua del suelo, trayendo aparejada la disminución de la aireación del suelo, tan importante para las raíces como lo es el agua; y 2) al destruirse los macroporos, los suelos se vuelven más densos y compactos, lo que constituye una limitante a la penetración de raíces.
Cuando las raíces encuentran un suelo denso, y compactado, pueden dejar de crecer o adaptarse a un tipo de crecimiento anormal ubicándose cerca de la superficie, haciendo que estos ejemplares se vuelvan más vulnerables a la sequía y que al mismo tiempo puedan provocar daños importantes a las áreas pavimentadas de todo tipo y en casos extremos las raíces del árbol pueden morirse por anoxia.
Por otra parte, todos los pavimentos deben ser construidos sobre bases bien compactadas de modo que no se produzcan hundimientos, por lo que estos suelos son demasiado densos para para permitir el crecimiento normal de las raíces, siendo ésto una de las causales por la que los árboles urbanos tienen una vida mucho más corta que los árboles que crecen en ambientes más naturales. Una de las alternativas para lograr el objetivo de proporcionar un sustrato adecuado para lograr un buen crecimiento y desarrollo de los árboles y al mismo tiempo cumplir con las exigencias requeridas para gran parte de los procesos constructivos urbanos podría lograrse mediante el empleo de los denominados "suelos estructurales".
Un suelo estructural es un sistema constituido por dos partes o materiales de características contrapuestas, una de ella es una piedra rígida que cumpla con los requisitos de ingeniería para constituir una base de pavimento portante y la otra por distintos tipos de suelos o sustratos no compactados que posibiliten el crecimiento de las raíces.
El componente primario de este suelo es un sistema de piedras partidas de tamaño uniforme, muy angulares que van desde 3/4 a 11/2 pulgadas de diámetro sin materiales finos.
Cuando este material clasificado es compactado, las piedras conforman una estructura de entramado abierto con aproximadamente un 40% de porosidad. La fricción producida en los puntos donde las piedras entran en contacto una con otra permiten la creación de la estructura portante del suelo estructural. El componente secundario del sistema es un suelo que llena los vacíos del entramado de piedra, con la precaución de no abusar de este aporte ya que en demasía impediría que la piedra intervenga estructuralmente, permitiendo a su vez que la raíz explore los espacios no compactados, agravando la situación.
Debido a que entre las texturas del suelo, la arcilla es la que mayor capacidad de retención de agua y nutrientes posee, se debe considerar que la mezcla aporte un mínimo de 20% de arcilla, ya que la misma es también esencial para lograr un adecuado intercambio catiónico, mientras que también deberá considerarse un porcentaje de materia orgánica del 2% al 5% para garantizar no sólo una buena retención de agua, sino también para estimular el desarrollo de la actividad microbiana, tan importante en los procesos biológicos de la rizósfera, generándose un medio de crecimiento saludable para las raíces que también puede ser compactado para satisfacer las especificaciones constructivas ingenieriles.