REVISTA BIMESTRAL
FEBRERO - MARZO 2018 I NUMERO 154
BALANCE Y CAPACITACIONES 2017
SEMBRANDO PARA 2018
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Manejo del agua
en campos anegables de Argentina

 
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Dr. Ing. Agr. Miguel Taboada
MN 08736 * 01 * 01
INTA, Instituto de Suelos y CONICET
Ing. Agr. MSc. Francisco Damiano
MN 12371 * 01 * 01
INTA, CIRN, Instituto de Clima y Agua y Programa Nacional Agua

 
   


Extensas áreas del territorio argentino sufren periódicas inundaciones, que se han visto agravadas en los últimos tiempos en consonancia con fenómenos climáticos como la alternancia ENSO (i.e. Niño-Niña). Las inundaciones son un fenómeno natural de carácter catastrófico cuyo riesgo está vinculado a varias características inherentes al fenómeno climático, a las propiedades físicas, geomorfológicas y geométricas del medio o sistema que recibe la entrada de agua, al estado hídrico del almacenamiento del sistema previo al evento en consideración y una diversidad de factores adicionales creados por alteraciones antrópicas que en general condicionan severamente la reacción del sistema al estímulo lluvia (Figuras 1 y 2).

 
   


Una inundación ocurre cuando ingresa agua por escurrimiento superficial a un área proveniente de otras zonas y se reconocen en general tres tipos: (i) la inundación torrencial y súbita; (ii) la de tipo aluvial o lenta (producida principalmente por desbordes de ríos y arroyos y asociado a lluvias intensas); y (iii) la inundación tipo encharcamiento produce también el anegamiento del perfil por saturación. Este proceso requiere, para su compresión, una visión amplia de la cuenca hidrológica y de su red de drenaje, a los fines de identificar las zonas con riesgo de sufrir este tipo de fenómeno.

El ascenso freático es el principal problema en términos económicos, ya que puede afectar tierras de alta productividad, por ejemplo, en el sudeste de la provincia de Córdoba. Las consecuencias de las inundaciones por ascensos de la capa freática difieren según el nivel de mineralización que posee el agua subterránea (concentración salina) por un lado, y el tipo de sal prevaleciente por el otro. En la Figura 5 se muestra un caso de estudio de los médanos longitudinales del noroeste bonaerense, donde las aguas freáticas evolucionan desde bicarbonatadas sódicas hasta cloruradas sulfatadas sódicas, sin variaciones estacionales por precipitaciones locales. La toposecuencia muestra la estrecha relación entre la composición aniónica-catiónica-salinidad del suelo en profundidad y el agua incidente.

 
   

Manejo de suelos anegables

Existen distintas técnicas disponibles para recuperar o rehabilitar suelos anegables, con problemas de salinidad y alcalinidad. Sin embargo, previo a ello es esencial dar solución al problema de los excesos de agua. La práctica de sistematización agrohidrológica consiste en el control de aguas superficiales en planicies anegables. Definida por un conjunto de estructuras hidráulicas en circuitos agrohidrológicos independientes de tipo ingenieril-rural, en combinación con prácticas culturales y vegetativas de manejo y conservación de suelos. Las condiciones para su aplicación son: (i) regiones geomorfológicas de llanura preferiblemente de planicie extrema con pendiente menor al 0,5 % (baja energía cinética del agua); (ii) régimen climático húmedo-subhúmedo; y (iii) suelos hidromórficos y halomórficos con limitaciones de drenaje superficial y subsuperficial severas y susceptibles al ascenso de sales en superficie.

 
   

La técnica de sistematización agrohidrológica no busca controlar los volúmenes de aguas involucrados en una inundación generalizada de tipo extraordinaria, sino que tiene por objetivo principal incrementar la capacidad de retención y asimilación de agua de cada circuito agrohidrológico. El embalsamiento del agua de lluvia excedente también puede ser utilizado para mejorar la vegetación en veranos extremadamente secos y cálidos, donde se suman escasas lluvias y elevada evapotranspiración.

La construcción y mantenimiento de las obras se realiza mayormente con maquinaria e implementos de tipo rural, como ser: tractor, arado de disco, pala y hoja niveladora de arrastre, zanjadora, taipera y motoniveladora, usados para construir estructuras de tierra menores a 0,6 m de altura y 0,3 m de profundidad (bordos y badenes, respectivamente). En cambio, maquinaria vial: retroexcavadora y topadora de hoja frontal para la construcción de presas con terraplén mayor a 0,8 m.

Tecnologías de recuperación de suelos salino-sódicos

 
   

Una vez solucionado el problema de los excesos hídricos, puede considerarse la posibilidad de mejora o recuperación de áreas con suelos salinos y salino-sódicos. Existen distintas tecnologías disponibles para manejar, recuperar o rehabilitar estos campos, las que difieren en cuanto a su grado de efectividad y deben ser puestas a prueba en cada caso particular. Los principios básicos que guían a la mayoría de ellas son: (i) regulación y encauzamiento de los excedentes hídricos; (ii) reducción del ascenso capilar desde la capa freática; (iii) incremento de la captación de agua de lluvia o infiltración; (iv) recuperación o creación de cobertura vegetal; y (v) mejora de la condición física y química de los suelos.
Estas tecnologías difieren en su nivel de complejidad, pues abarcan desde prácticas agronómicas simples como el manejo del pastoreo con descansos periódicos (pastoreo rotativo), el uso de coberturas o mulches, la intersiembra, u otras, hasta la sistematización de tierras para mejorar el drenaje (drenes topo, subsolado) o el manejo superficial de las aguas (sistematización agrohidrológica). Una síntesis de estas técnicas se presenta en la Figura 7, que las clasifica como técnicas químicas, biológicas y físicas de rehabilitación.

A modo de síntesis

a) La Argentina tiene una gran superficie (unas 12 millones de hectáreas) cubierta por suelos salino-sódicos en zonas húmedas. El origen principal de las sales y el sodio intercambiable en los suelos es el agua subterránea. Esta puede influenciar directamente, o por medio del ascenso capilar de sales hacia la superficie del suelo.
b) La sistematización agrohidrológica debería ser considerada para manejar los excesos de agua superficial de los campos.
c) Existen tecnologías de rehabilitación posibles para los suelos salino-sódicos. De las tecnologías disponibles, existen algunas ya probadas como el enyesado, y otras merecedoras de experimentación local como los abonos orgánicos y la mejora biológica a través de siembra de especies adaptadas. Es importante mantener el suelo cubierto por vegetación, para evitar la llegada de las sales a la superficie del suelo.