Agropost OnLine
REVISTA BIMESTRAL
AGOSTO - SEPTIEMBRE 2018 I NUMERO 157
HERRAMIENTAS PARA UN AGRO SUSTENTABLE
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Ambiente, Cambio Climático, Seguridad alimentaria,
y Comercio Mundial

 
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Ing. Agr. Ernesto Viglizzo
M.N. 5299*09*01
Consultor Profesor de la Universidad Austral. Miembro del grupo de Paises Productores del Sur (GPS).

Ing. Agr. Marcelo Regúnaga
M.N. 3825*01*01
Director del Programa de Formacion y Capacitacion de la BCBA.
Profesor de la Maestria en Agronegocios (FAUBA).
Miembro del grupo GPS.
 
   

Los problemas asociados a la gestión del ambiente productivo abren varias incógnitas e interrogantes acerca de su impacto futuro en la seguridad alimentaria global y el comercio internacional de productos agropecuarios y agro-industriales.
Las presiones de la comunidad internacional para que se implementen sistemas de trazabilidad ambiental en el sector agropecuario están aumentando con el correr de los años, y la certificación ambiental pasa ser el destino inevitable para evitar el cierre de algunos mercados internacionales y contribuir a la apertura de otros.

A partir de la Cumbre del Clima de París a fines del año 2015, la problemática del cambio climático ha adquirido creciente protagonismo, debido a los compromisos asumidos por los países para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y evitar que la temperatura media del planeta se eleve por encima de los 2°C respecto a los niveles pre-industriales.

Los científicos del clima en general acuerdan en que los métodos recomendados por el IPCC para elaborar los inventarios nacionales de GEI predicen con aceptable rigor las emisiones internas de los países. Pero las estimaciones de secuestro de carbono, en cambio, aparecen cargadas de incertidumbre y dudas metodológicas. Todo esto es motivo inevitable de discusión y debate. La problemática del carbono gravita de manera creciente, debido a la importancia que la ciencia le asigna al calentamiento del planeta y al cambio climático global. En este contexto, un cambio en el método puede modificar de manera drástica los resultados de un balance anual de carbono. Y, por ende, alterar los umbrales de compromiso asumidos por el país en los foros internacionales sobre cambio climático.

 
 
La clave para los países productores de alimentos, como Argentina, se focaliza hoy en demostrar su bajo impacto en términos de su balance de carbono, es decir, de la diferencia entre emisiones y secuestro de C. Por lo tanto, el cálculo no debería limitarse simplemente a estimar la emisión de carbono sin medir, al mismo tiempo, la tasa de secuestro de carbono de nuestras tierras rurales.

Hoy se cuenta con instrumentos técnicos para evaluar el comportamiento ambiental de nuestros sistemas de producción a través de un conjunto de indicadores de sustentabilidad, que reflejan el grado de seguridad o riesgo de distintos procesos productivos. Los distintos sistemas de producción que predominan en Argentina muestran perfiles característicos de impacto ambiental que nos ayudan a ver por dónde abordar los problemas.

Impulsado por GPPS (Grupo de Países Productores del Sur) y por la Sociedad Rural Argentina, se trabaja actualmente en una metodología alternativa destinada a evaluar la captura y secuestro de carbono en las tierras rurales y naturales de Argentina y de la región del MERCOSUR, de una manera distinta a la recomendada por el IPCC.

Los dos países de mayor extensión territorial, Brasil y Argentina, definen el balance final de carbono para la región del MERCOSUR. En términos relativos, Argentina es el país que presenta en sus tierras de pastoreo el balance de carbono más favorable. Los cultivos anuales en los cuatro países y la propia región MERCOSUR presentan balances negativos de carbono, aunque sus valores absolutos son de escasa significación en el balance global del sector rural. En el caso de Argentina el balance de carbono positivo generado por las tierras de pastoreo permitiría neutralizar las emisiones de todo el sector rural y de todos los sectores no rurales. Ese crédito de carbono generado por la ganadería sería particularmente relevante si sirve para enmendar los balances calculados por la metodología del IPCC. Más aún, ese balance alternativo podría elevar a la Argentina a un status de país carbono-neutro.

 
 
Relacionada a esta problemática aparece la huella de carbono de nuestros productos exportables. Al respecto cabe destacar que el agro argentino juega (y jugará aún más) un rol protagónico en la seguridad alimentaria global. Pese a su gran gravitación en este aspecto, los resultados de nuestras investigaciones demuestran que la huella de carbono y la huella hídrica de los productos de exportación de Argentina son insignificantes en relación al contexto global: la huella hídrica de exportaciones agropecuarias argentinas representa el 2.7 % de la huella hídrica total de la agricultura mundial y la huella de carbono suma apenas un 0.01 % de la huella de carbono de la agricultura de todo el planeta.

Estos números tienen un significado importante en términos comerciales: imponer sanciones o restricciones a nuestro sector agro-alimentario por su huella de carbono y su huella hídrica sería insensato, ya que no alteran la ecuación global de emisiones GEI y de uso del agua. Más aún, las exportaciones agropecuarias argentinas, al exportar agua y carbono virtuales, ayudan por simple sustitución a reconstituir los stocks de carbono y agua en países que han degradado notablemente esos recursos a través de las décadas, como ocurre con China, e inclusive la Unión Europea. Por lo tanto, la imposición de barreras comerciales y el proteccionismo literalmente dificultan la “transferencia de sustentabilidad ecológica y ambiental” desde países con buenos estándares de gestión ambiental como Argentina, hacia países que han perdido sus patrones de sustentabilidad.

DESAFIOS

Los desafíos de la seguridad alimentaria mundial serán muy importantes en las próximas décadas, porque el mundo debe producir más alimentos con sistemas de producción más amigables con el ambiente. Una parte sustancial de la producción actual de alimentos se desarrolla con sistemas de producción que no son consistentes con los problemas del calentamiento global y la conservación de los recursos naturales; este es el caso de la Unión Europea y de diversos países de Asia. Europa y Asia deben modificar sus sistemas de producción y requerirán aumentar sus importaciones de alimentos; y los países del Cono Sur tienen un alto potencial productivo y de excedentes alimentarios con sistemas conservacionistas y balances de carbono sustancialmente mejores a los de aquellos. Las actuales barreras al comercio impuestas por dichos países, así como diversas iniciativas de mayores limitaciones comerciales sin sustento científico y sin una visión global de los problemas ambientales y alimentarios no son consistentes con los desafíos de la seguridad alimentaria global y el cambio climático.

 
 
Se requiere un sistema comercial global que promueva el comercio y contribuya a la seguridad alimentaria mundial en el marco de una revisión de aquellos sistemas de producción predominantes en muchos países, que deterioran los recursos naturales y tienen balances de carbono muy negativos. En este sentido, la intensificación sustentable argentina es una de las mejores opciones globales para la seguridad alimentaria y la sostenibilidad.

Agenda G20

La revisión propuesta implica dejar de lado la visión parcial que ha estado vigente por décadas en la producción y el comercio mundial, es decir que se hace necesario modificar los esquemas proteccionistas y de barreras no arancelarias actuales. Para ello es necesario dar un nuevo enfoque a los alcances de las negociaciones comerciales y ambientales en los principales foros internacionales (OMC, FAO, COP, tratados de libre comercio, etc.).

Al respecto, los Ministros de Agricultura y las máximas autoridades del G20 deben asumir el liderazgo, para promover un sistema comercial más abierto y racional, en función de los objetivos simultáneos de la seguridad alimentaria, la conservación de los recursos naturales y el cambio climático.

La organización del G20 en Argentina brinda una oportunidad estratégica para los países del MERCOSUR para promover un sistema productivo global más amigable con el ambiente, basado en un sistema comercial fluido y sin barreras proteccionistas. Para ello las entidades privadas del MERCOSUR, así como los gobiernos, cuentan con distintos ámbitos para preparar la agenda del G20. En el primer caso se cuenta con el B20 (Business 20, en el que la SRA y representantes de COPAL, AACREA y otras entidades participan en el Grupo Coordinador) y el T20 (Think 20 en el que el CARI y la CIPPEC participan en la coordinación).

Ambos brindan oportunidades para contribuir con nuestra perspectiva a la agenda que abordarán los Presidentes a fines de 2018 en Argentina. Los desafíos son enormes pero hay que asumirlos activamente hoy. Ello implica que el Estado y el sector privado realicen los esfuerzos e inversiones requeridas para fundamentar y contribuir a que se revisen los indicadores de impacto ambiental del IPCC utilizados actualmente en los foros internacionales. El sector privado debe apoyar activamente al gobierno en esta agenda.