REVISTA BIMESTRAL
OCTUBRE - NOVIEMBRE 2018 I NUMERO 158
BIO ECONOMIA
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Bioeconomía
en la Argentina


 
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Ing. Agr. Esp. Mec. Agricola Jorge A. Hilbert
MN 9337 * 01 * 01
Instituto de Ingeniería Rural, INTA
Comision Bioenergía CPIA
 
   


A lo largo de los dos últimos años desde esta revista hemos tratado diversos temas relacionados con la bioeconomía dándole una mirada desde lo agronómico. En esta oportunidad queríamos comentarles varios aspectos que hemos trabajado recientemente.

El término "bioeconomía" se ha acuñado para remarcar el impacto de los avances de la biología sobre la economía y la sociedad. Se piensa que las aplicaciones derivadas de estos avances, en particular en las áreas de biotecnología y bioinformática, tendrán un impacto similar al que ha tenido la revolución informática de finales del Siglo XX. Las aplicaciones de estas tecnologías a la actividad agropecuaria y agroindustrial tienen ya un impacto significativo en la economía argentina y podrían transformarse en un pivote estratégico para el desarrollo económico, social y territorial del país.

 
 

El concepto de bioeconomía se basa en promover el procesamiento integral de la biomasa para la obtención de diversos componentes y productos que apuntan a diferentes mercados y poseen precios diferenciales. Los ingenieros agrónomos poseemos una formación integral para lograr una producción sustentable de biomasa a nivel de campo, hoy en día se agrega a esa visión la necesidad de darle mayor valor mediante una vasta gama de bioproductos intermediarios y finales, enfatizando los aspectos de integración, diversificación y sustentabilidad de los procesos productivos. Debido a la fuerte disponibilidad de recursos naturales (suelos, agua, biodiversidad) y al desarrollo de un sector agrícola eficiente e innovativo, Argentina es ya un productor de biomasa de gran importancia a escala global. El desafío al cual nos enfrentamos es transformar estas capacidades en mayor valor agregado y desarrollo social, lo que necesariamente implica la inserción de las nuevas tecnologías en la industrialización del sector primario.

Uno de los pilares que le dan sustentabilidad a la bioeconomía es la de tener como uno de los objetivos el cuidado y si es posible la mejora del medio ambiente en el entorno productivo. Esto que suena muy poético desde lo teórico es ya una realidad en los mercados de exportación. En el rubro de los biocombustibles hace 10 años que venimos trabajando desde el INTA caracterizando nuestros sistemas productivos y agroindustriales. Este año hemos culminado un estudio a nivel nacional sobre la cadena de transformación de soja. Argentina cuenta con el segundo complejo industrial oleaginoso más importante a nivel mundial, en lo referido a capacidad teórica de crushing medido en toneladas por día. El complejo industrial oleaginoso del Gran Rosario es el más importante del mundo a nivel de concentración geográfica. No existe otro caso en el mundo de un área geográfica, que cuente con tantas fábricas de gran tamaño localizadas en un sector reducido de apenas 70 kilómetros de costa sobre el Río Paraná y acceso a puertos conectados por una hidrovía con el mar.

El área de producción de casi el 80 % de los granos es en un círculo con un radio de 300 km otra ventaja única en el mundo para potenciar un polo de desarrollo de la bioeconomía. El estudio realizado abarco tres campañas agrícolas y más de 26 millones de toneladas de soja y 2 millones de biodiesel. El valor de emisiones de soja medio ponderado fue de 245,4 kgCO2/Tonelada de soja.Este valor tiene una gran importancia ya que constituye la base de cálculo de cientos de productos que se pueden generar a partir de esta materia prima en las ahora llamadas biorefinerías. La comparación con los valores default agrícola provisto por la Unión Europea que se venía empleado hasta la fecha por parte de las empresas para el cálculo del valor total de emisiones, arroja una diferencia porcentual del 46,7 % remarcando las ventajas del sistema productivo Argentino por su bajo nivel de uso de combustibles y de fertilizantes. En este estudio el reciente año se comenzó a usar el sistema de relevamiento de paquetes tecnológicos de la Bolsa de cereales de Buenos Aires a fin de integrar las diferentes zonas de producción y cuencas de abastecimiento de las empresas transformadoras.
Enfocándonos en uno de los productos se determinó que el biodiesel argentino posee un valor medio de 25 gm CO2/Mjoule de biodiesel sumando en este caso la materia prima, el transporte y la transformación industrial. Del análisis porcentual de la composición de las emisiones totales del biodiesel Argentina surge de este estudio que el 48 % corresponde a la industria, 40 % a la parte agrícola y 12 % al transporte. En todas ellas las ventajas son considerables y las mismas deben ser empleadas en las negociaciones internacionales como así en la promoción de nuestros productos en otros mercados.

 
 

Dado que la limitante al comercio está dada por la reducción total final alcanzada por el biocombustible exportado con relación a uno de referencia que tiene un valor de 83,8 gm CO2/Mjoule, se calculó el mismo arrojando un valor FOB del 70 %. Estos valores superan el nivel del 60 % establecido por la Unión Europea para importaciones a partir del presente año.

En el caso de las biorefinerías de bioetanol se viene trabajando hace tres años con dos empresas de Córdoba evaluando balances energéticos, huellas de carbono e hídricas. En lo que respecta a la materia prima se han estudiado las implicancias de los paquetes tecnológicos empleados así como la incidencia de los cambios climáticos en las diferentes áreas de origen del producto.
De esta manera se han realizado estudios de sensibilidad para verificar que los beneficios ambientales se mantienen a lo largo del tiempo. Este tipo de estudios son innovadores a nivel mundial.

En lo que respecta a la biorefinería en estos trabajos a lo largo de los años se ha podido dimensionar la importancia de la integración de nuevos productos desde la misma materia prima como ha sido el dióxido de carbono en la empresa ACABIO. Debemos aclarar que el dióxido de carbono que se libera de los procesos fermentativos del almidón es carbono neutral o biogénico ya que ha sido capturado por la planta de maíz de la atmósfera durante el mismo año. Para poner ésto en números la incorporación de la captura y uso comercial del dióxido de carbono producto de la fermentación ha permitido aumentar el porcentaje de reducción de emisiones del 62 al 71 %. Esto se logra tomando el crédito del gas fósil que se deja de consumir para producir el mismo producto en la misma ciudad de Villa María. También se ha podido establecer las mejoras significativas que implica la integración entre diferentes actividades como es el caso de las empresas Bioeléctrica y Bio4 donde se complementan una planta de bioetanol y otra de biogás. Estos conocimientos han permitido seguir evolucionando y este año se ha duplicado la planta de biogás e integrado definitivamente a las corrientes de la planta de bioetanol usando la vinaza liviana para generar energía eléctrica y térmica.
En este caso además de las ventajas ambientales el mejoramiento de la seguridad de suministro energético debemos agregar un excelente negocio con la incorporación de energía a la red interconectada Argentina mediante el programa renovar a un precio cercano a los 200 dólares por Megawatt.

Desde el punto de vista empresario es adosar un "tambo" con entrada de ingresos por hora de operación. En estos días la empresa pone en marcha un segundo complejo de biogás lo cual le permitirá alcanzar una potencia instalada que supera los 5 megawatt con ingresos potenciales anuales de 10 millones de dólares. Las implicancias ambientales y económicas son enormes y ponen en ventaja a las empresas que las adoptan con inversión de riesgo. Desde el punto de vista de la investigación y desarrollo las necesidades son muy grandes y en muchos casos la falta de desarrollos nacionales su suplen con la importación y adaptación de tecnología a considerables costos para la empresas. Si bien esta es una solución temporal a largo plazo es necesario que el país invierta en un acuerdo sinérgico entre el sector público y privado en aquellas líneas prioritarias de la transformación de biomasa.

El camino es muy amplio hoy día cuando vemos en las plantas de transformación de soja y maíz para tomar los ejemplos que venimos desarrollando enormes cantidades de subproductos como las harinas, expellers, cascarilla, DGS y DDGS uno se pregunta si estos materiales no son diamantes en bruto esperando que se desarrollen nuevos productos a partir de ellos logrando considerables ventajas desde el punto de vista del valor final obtenido. Una muestra la pudimos ver en el reciente taller anual TECO desarrollado en Rio Cuarto donde se mostraron nuevos productos concentrados proteicos especialmente desarrollados para diferentes especies animales logrados a partir del procesamiento de destilados de maíz o burlanda el nombre conocido en nuestro país.

A estos sectores se le suman otra serie de generadores de residuos fundamentalmente concentrados en centros urbanos de diferente tamaño distribuidos a lo largo de todo el país. Las grandes ciudades concentran recursos orgánicos e inorgánicos que luego producen importantes problemas de disposición final. Estos residuos terminan afectando los suelos de áreas periféricas y aún distantes al ser transportados por los ríos y el viento. La digestión anaeróbica y su biogás cumplen un rol central balanceando, como ninguna otra tecnología cuidado del ambiente con demanda energética. Muchas grandes ciudades del mundo tratan sus residuos cloacales y sus residuos sólidos urbanos en grandes plantas generadoras de biogás.
Esto complementa su demanda energética, reduciendo en forma dramática la necesidad de construir rellenos sanitarios. En muchos casos la disminución es de más del 90%, y la energía aportada es a costos competitivos a los precios actuales.

Sin lugar a dudas a medida que escalamos en el agregado de valor los mercados se tornan más pequeños, exigentes y competitivos. Para jugar en dichas ligas se requiere un fuerte componente innovador y científico. A modo de ejemplo de lo que estamos diciendo podemos citar al caso Bioceres y el desarrollo de quimosina a partir de la semilla de cártamo. De esta manera se ha podido convertir un cultivo de baja difusión en nuestro país en un producto que permite obtener una alta rentabilidad. Para dimensionar lo reducido de este espacio la planta de molturación y procesamiento inaugurada el año pasado representa el 20 % del mercado mundial de este producto.
Esto significa que las ventajas competitivas son cada vez más reducidas en el tiempo y se requieren de inversiones constantes para seguir produciendo nuevos productos. Los profesionales del agro y agroindustria en una primera etapa nos hemos especializado y concentrado en maximizar la productividad de los sistemas teniendo como una de las premisas fundamentales el incremento de los rendimientos. Una segunda etapa que aún está en plena evolución integró la visión de los agroecosistemas buscando la forma de minimizar el impacto sobre el ambiente y la sustentabilidad integral contemplando los aspectos económicos, ambientales y sociales al mismo tiempo. Una buena guía para no perder el camino lo brindan los lineamientos del desarrollo sustentable de naciones unidas con sus indicadores denominados ODS.

Toda la comunidad que integra a la producción industrialización y logística de los productos agropecuarios, hoy en día nos hallamos en una tercer etapa de nuestro desafío donde nuestro objetivo es ampliar la visión hacia un sistema territorial, nacional y mundial integrando nuevos conceptos como la bioeconomía, la agricultura circular y el mejoramiento de la calidad de vida social en su sentido más amplio. Conceptualmente esto también se lo denomina como la industria y el agro 4.0.

Estas nuevas demandas y desafíos implican cambios en la formación y actualización de los profesionales así como una demanda creciente sobre los sistemas científico tecnológico que deben atender entender y resolver sistemas cada vez más complejos. Para ello se requiere de visiones sistémicas donde un conjunto de especialidades trabajan juntas integrando sus visiones junto a los productores y actores que intervienen y conocen cada etapa.
Los centros de investigación que hemos visitado en Estados Unidos, Sur de Francia, Italia e Inglaterra muestran un paralelismo de la estrategia que están siguiendo en un sector agro de alta relevancia histórica en cada uno de ellos con sus particularidades diferenciales.
El lema es lograr avances revolucionarios en la molécula de carbono renovable que obtenemos de la agricultura.

En todos ellos la transformación de la biomasa renovable se ha constituido como uno de los temas prioritarios tanto por sus impactos ambientales económicos, sociales como energéticos. Es así que se encuentran invirtiendo sumas considerables de recursos para encontrar nuevas formas de aprovechamiento de la molécula de carbono contenida en frutos cultivos y residuos orgánicos de todo tipo. Esto afecta la misma estructura de los centros de investigación donde nacen institutos que complementan varias disciplinas e integran a profesionales jóvenes de diferentes instituciones. Las investigaciones no quedan a nivel laboratorio sino que los mismos centros poseen medios para escalar los descubrimientos a nivel piloto y pre comercial para su traspaso al sector productivo. Su productividad es medida en forma permanente no solo en su producción científica de calidad sino en sus patentes y transferencias exitosas al sector productivo. El mundo está invirtiendo tanto en el desarrollo de nuevos productos como en la reconversión de residuos integrando empresas y cadenas de producción. Esto está produciendo verdaderas revoluciones en los tradicionales centros de investigación tradicionalmente alineados por sectores y especialidades.
Hoy el mundo requiere de instituciones nuevas con visiones sistémicas e interesadas para poder desarrollar soluciones integrales que abarquen los campos sociales, ambientales y económicos.
Como hemos visto tenemos ya ejemplos pioneros en nuestro país que se encaminan en esta dirección, pero el desafío es enorme.

Las tecnologías disruptivas que están en desarrollo plantean cambios sustanciales al tradicional modo que tenemos de ver a los mercados y la provisión de materias primas y productos biomásicos por lo tanto debemos estar preparados para un mundo con cambios cada vez más acelerados. Los desafíos que enfrentamos son considerables y en muchos casos desconocidos. Tenemos que tener en claro que frente a las nuevas demandas no estamos condenados ni al éxito ni al fracaso solamente un duro trabajo de adquisición y aplicación de conocimientos nos permitirá lograr un desarrollo armónico de nuestro país en un mundo que se tronará cada vez más competitivo.