REVISTA BIMESTRAL
OCTUBRE - NOVIEMBRE 2018 I NUMERO 158
BIO ECONOMIA
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El pais
de los Biocombustibles


 
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Ing. Agr. Hector Huergo
M.N. 06441 * 01 * 01
Editor Suplemento Rural y responsable de Contenidos Hub Rural Grupo Clarín
 
   


El mayor desafío que afronta la humanidad es el cambio climático, cuyos efectos sobre la vida en la tierra se subrayan a diario con gruesos trazos de evidencias. Hay consenso científico respecto al origen antropomórfico del fenómeno de calentamiento global que se experimenta desde hace un siglo. Sus efectos son suficientemente conocidos: alteración de los patrones climáticos en todo el planeta, condiciones meteorológicas extremas, sequías inéditas, inundaciones, derretimiento de las masas de hielo, nieves eternas, aumento del nivel de los océanos, irrupción de enfermedades y plagas que pueden comprometer la vida y la alimentación de todas las especies. Entre ellas, al ser humano.

El calentamiento global es consecuencia de la acumulación de CO2 y otros gases de "efecto invernadero", un proceso que se atribuye a la quema de combustibles fósiles: carbón, petróleo y gas. Los ingentes beneficios que brindó su descubrimiento tropiezan con las consecuencias de su explotación indiscriminada. Por eso la humanidad se ha puesto de acuerdo en "descarbonizar" el planeta, reduciendo la quema de hidrocarburos y sustituyéndolos por otras fuentes de energía. Esto se expresa en los avances en las cumbres ambientales, donde a pesar de las dificultades, se perciben avances consistentes.

El calentamiento global también se expresa, y con particular virulencia, en todo el territorio argentino. Científicos de renombre como Vicente Barros y José Luis Aiello han demostrado la influencia del fenómeno en la región pampeana. Aunque ésto no fuera importante, la Argentina tiene un gran potencial, y una gran oportunidad, para contribuir al combate global contra el cambio climático.
Algunos pasos hemos dado. Más allá de las contingencias económicas, la realidad es que en la Argentina hay una política de impulso a la energía renovable.

El primer paso fue la inclusión de los biocombustibles en el transporte. La sanción de la ley 26093 en 2007, y su posterior reglamentación, establecieron el corte obligatorio de la nafta y el gasoil con un mínimo de 5% de etanol y biodiesel, respectivamente. Esa ley tuvo amplio consenso en el Congreso, en particular en el Senado, donde se aprobó por unanimidad. El ex presidente Néstor Kirchner fue quien pocas semanas después firmó el Decreto Reglamentario, en uno de sus últimos actos de gobierno. Durante la administración de CFK, el corte se fue incrementando, hasta alcanzar un 10% para ambos combustibles. Mientras tanto, una correcta política arancelaria favorecía la instalación de varias plantas de biodiesel destinadas a la exportación.

Simultáneamente, se iniciaba la saga de la generación eléctrica con biogás, a partir del programa Renovar. El gobierno de Mauricio Macri mantuvo la misma política de corte obligatorio. En el caso del etanol, la incrementó, llevándolo al 12% en un intento explícito de favorecer al sector cañero. Se otorgaron cupos para varios proyectos de biogás. De pronto, la Argentina figuraba en el mapa mundial de los biocombustibles para el transporte, donde mandan Estados Unidos (el 40% de su maíz va a etanol) y Brasil, donde más de la mitad de la caña tienen por destino el biocombustible.
Pero aquí comenzó el retaceo en materia de precios internos, y se castigó a la exportación de biodiesel en un momento muy difícil, frente al proteccionismo de los EEUU y la Unión Europea. La Argentina se había convertido en el principal exportador mundial de biodiesel y la reacción fue aplicarle derechos de importación prohibitivos, que los dejaron definitivamente afuera del mercado. Argentina es también el mayor exportador mundial de aceite de soja, con lo cual tiene un rol definitorio en la fijación de los precios.

Cualquier hecho que afecte la elaboración de biodiesel, significa un aumento de la oferta de aceite, con la consiguiente caída de los precios internacionales. Esto significa menor ingreso de divisas y menor recaudación fiscal, ya que el aceite paga retenciones (hoy alrededor del 28%). Hay un amplio camino por recorrer en los tres grandes rubros: etanol, biodiesel y biogás. Sin embargo, las autoridades del área parecen más concentradas en otras variantes de energías renovables, en particular eólica y solar. Los biocombustibles parecen no ocupar un lugar importante en la agenda pública. Esto quita potencial de desarrollo a una industria que tiene mucho para dar.

Más allá de los beneficios ambientales, el principal efecto de los biocombustibles en la economía del interior es la agregación de valor en origen. En el centro de la provincia de Córdoba, donde se instaló un conjunto de plantas de escala y tecnología competitiva, el precio del maíz se equipara con el del puerto de Rosario. En otras palabras, los productores se ahorran el flete a puerto, lo que tiene un significado enorme porque se trata del rubro de mayor incidencia en la ecuación económica del cereal.
Por otro lado, la abundante provisión del co-producto de la destilería, la "burlanda", tiene un efecto fundamental en el abaratamiento de las raciones para la producción ganadera, tanto para carne como para leche. En nuevos pasos de agregación de valor y economía integrada ("360") se están desarrollando proyectos que convierten los excrementos animales en biogás y energía.

Una característica particular de los biocombustibles argentinos es su insuperable tasa de sustitución de CO2 fósil. El Ingeniero Jorge Hilbert del INTA ha demostrado la huella de carbono ampliamente favorable tanto del etanol como del biodiesel. En el caso del biogás, se debe agregar el efecto de saneamiento ambiental generado por la solución del problema de los efluentes. Por todos estos beneficios económicos, ambientales y sociales, la Argentina debe darle un nuevo impulso a los biocombustibles. No existe mejor solución para un transporte "limpio" que esta alternativa. El transporte eléctrico, que tendrá seguramente un lugar en el futuro, no implica la reducción de gases de efecto invernadero, ya que si la matriz de generación eléctrica se basa en combustibles fósiles (como todo lo indica a partir del impulso al shale gas), habrá más agregados de CO2 a la atmósfera.

La mejor forma de compensar estas emisiones es con un fuerte proceso de sustitución de combustibles líquidos para el transporte, por los biocombustibles que se pueden obtener a partir de los enormes excedentes de maíz, sorgo y aceite de soja, que hoy se vuelcan al mercado internacional sin valor agregado.