REVISTA BIMESTRAL
DICIEMBRE 2018 - ENERO 2019 I NUMERO 159
SENASA Y LOS PROFESIONALES
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Resistencia Antimicrobiana
un problema a enfrentar que no es ajeno a la Agricultura


 
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Med. Vet. Federico Luna
Director de Productos Veterinarios del Senasa
 
   


Los antimicrobianos son sustancias naturales, semisintéticas o sintéticas, que a determinadas concentraciones inhiben el crecimiento o provocan la muerte de las bacterias. Se puede decir que la historia de los antimicrobianos comienza en 1928, cuando Alexander Fleming descubrió la penicilina. El hallazgo, sin ninguna duda, marcó un antes y un después en el tratamiento de las enfermedades infecciosas. Los antimicrobianos son medicamentos esenciales para la salud humana, ya que si no se tratan con prontitud y eficacia, las infecciones bacterianas graves pueden cursar con una alta morbilidad y mortalidad.
En la actualidad, el tratamiento de infecciones con antimicrobianos no posee la misma eficacia que al comienzo de su uso para tal fin.

Sucede que un uso excesivo o inadecuado de los mismos puede generar la aparición de bacterias resistentes a la acción de estos fármacos, como se ha podido observar en el transcurso de las últimas décadas.
Este fenómeno, que se denomina resistencia a los antimicrobianos (RAM) y que pone en riesgo el control de las enfermedades en todo el mundo, supone una preocupación de primer nivel tanto para la salud humana como para la sanidad animal y vegetal.

 
 

A diario aparecen nuevos mecanismos de resistencia que se propagan a nivel mundial, donde el medio ambiente juega un rol fundamental, y ponen en peligro nuestra capacidad para tratar enfermedades infecciosas comunes, con el consiguiente aumento de la discapacidad y las muertes y la prolongación de enfermedades antes controlables.

Sin antimicrobianos eficaces para prevenir y tratar las infecciones, intervenciones como el trasplante de órganos, la quimioterapia del cáncer, el tratamiento de la diabetes o la cirugía mayor (por ejemplo, las cesáreas o las prótesis de cadera) se convertirán en procedimientos de muy alto riesgo. La RAM aumenta el costo de la atención sanitaria por la mayor duración de las hospitalizaciones y la necesidad de una atención más intensiva.

Tan crítico es el problema que todas las organizaciones internacionales que trabajan en post de la salud pública, han desarrollado documentos y directrices referentes a la RAM.

 
 

La cadena alimentaria y el medio ambiente revisten suma importancia en el desarrollo y difusión de organismos resistentes.
Los genes de resistencia tanto en bacterias patógenas como no patógenas pueden transmitirse de los animales productores de alimentos a los humanos a través del consumo o bien por medio del contacto directo con ellos o sus residuos en el medio ambiente.

La transmisión a través de los alimentos puede resultar en una difusión generalizada y cuantitativamente es la vía más importante desde el ganado hasta los consumidores.

La presencia de contaminantes antimicrobianos en la cadena alimentaria, el medio ambiente y el agua puede dar lugar a la aparición de resistencia en patógenos y bacterias comensales que forman parte de la flora intestinal humana y en bacterias ambientales. Se ha detectado también resistencia a los antimicrobianos en bacterias ambientales, vinculada al uso de antimicrobianos en la agricultura, como por ejemplo el descubrimiento de genes resistentes a las tetraciclinas en bacterias recuperadas de las aguas subterráneas de granjas de cerdos.

El papel del medio ambiente en la aparición y propagación de la resistencia a los antimicrobianos es particularmente preocupante y está relacionado con la descarga de drogas y sustancias químicas en él, donde los cursos de agua (ríos lagos, napas) actúan como nexo de comunicación y dispersión de bacterias resistentes. Esta es una de las amenazas para la salud más preocupantes de la actualidad.

En este sentido, el uso de antimicrobianos ATMs en agricultura no es ajeno a la problemática considerando que estas sustancias son aplicadas directamente en el medio ambiente, ejerciendo presión de selección tanto sobre la bacterias patógenas a tratar como en bacterias propias del ambiente que, si bien no son patógenas, tienen la capacidad de generar resistencia y transferirla a otros géneros bacterianos. El consumo anual total de antibióticos en el sector agrícola varía considerablemente, por lo que es un dato muy difícil de estimar cuánto y cómo se utiliza realmente. Los sistemas de vigilancia y recopilación de datos son deficientes en muchos países y se centran en salud humana y producción pecuaria, por lo cual el sector agrícola es un terreno que debemos explorar para comenzar a trabajar.

En junio último, la Argentina recibió al Grupo de Coordinación Interinstitucional sobre Resistencia Antimicrobiana de Naciones Unidas (Interagency Coordination Group on Antimicrobial Resistance –IACG-) que visitó nuestro país con el objetivo de estar al tanto de los desafíos y esfuerzos nacionales en esta problemática en el ámbito humano, animal, vegetal y ambiental.

A tal efecto, la Dirección de Agroquímicos y Biológicos del Senasa realizó un sondeo sobre los activos que se importan a la Argentina para el tratamiento de bacteriosis en cultivos arrojando los siguientes resultados:

Principios activos registrados

- Kasugamicina; Sulfato de estreptomicina; Sulfato de gentamicina; Clorhidrato de oxitetraciclina; Oxitetraciclina

Dosis y uso más frecuente - Kasugamicina: 250cc/hl (tomate, pimiento, acelga, zanahoria, papa, repollo, cebolla, cítricos, pera, florales y ornamentales).

- Sulfato de estreptomicina + oxitetraciclina: 60-120 gr/hl (papa, repollo, alcaucil, pepino, poroto, apio, nogal, manzano, pera, manzana, cítricos, florales, tomate, pimiento, tabaco).

- Sulfato de gentamicina + oxitetraciclina: 80 cc/hl Tomate

Los volúmenes de estos principios activos indicados para tal fin, importados desde el año 2012 a la fecha, resultaron ser sustancialmente inferiores a los ATMs importados para producción pecuaria, con lo cual si realizamos una aproximación diagnóstica de la situación, podríamos inferir que el problema del uso de ATMs en agricultura es menor en nuestro país. No obstante sólo la vigilancia a partir de la toma de muestras en cultivos podrá responder esa cuestión, para lo cual debemos comenzar a investigar un terreno inexplorado en gran parte del mundo y que no debemos dejar de lado si recordamos el medio ambiente como nexo de comunicación de todos los sistemas biológicos.

La resistencia antimicrobiana está en aumento y en el futuro muchas enfermedades infecciosas no podrán ser tratadas, lo que implicará un alto costo para los estados y la caída de muchas personas bajo la línea de pobreza. A menos que se enfrente rápida y seriamente, el problema de la resistencia a los antibióticos tendrá consecuencias desastrosas para la salud humana y animal, para la producción de alimentos y para la economía global.