REVISTA BIMESTRAL
DICIEMBRE 2019 - ENERO 2020 I NUMERO 165
75 años Integrando a los Profesionales
» Premio CPIA Bioenergía 2019

 

Cuidado de los suelos
Dónde estamos y h acia dónde vamos


 
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Ing. Agr. Roberto Casas
M.N. 04029*01*01

Director del PROSA - FECIC
Académico de Número de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria y de la Academia Nacional de Geografía.
Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Entre Ríos.
Profesor Titular de Edafología, Universidad de Morón.

 
   

En los últimos años, los sistemas productivos en la Argentina se han volcado cada vez más hacia una agricultura intensiva y de uso del suelo, a expensas del deterioro de los recursos naturales. Hoy el gran desafío es generar alimentos, agua y energía con tecnologías sustentables y bajo normas de seguridad agroalimentaria. La conservación de nuestros suelos constituye un deber inexcusable, resulta imprescindible pasar a la acción.

Dónde estamos

Hasta ahora el crecimiento de la producción nacional se logró a base de las nuevas tecnologías, a un creciente nivel de manejo de conocimientos e información por parte de productores y técnicos, y a la capacidad productiva de las tierras. Los sistemas productivos de la República Argentina en los últimos años han registrado un cambio hacia una agricultura más intensiva, con mayores rendimientos por unidad de superficie. El cambio en el uso del suelo y expansión de la agricultura, han sido muy positivos en términos del incremento récord de los rendimientos nacionales. Sin embargo debe hacernos reflexionar acerca de cómo planificar a futuro la actividad, en la medida que compromete seriamente la estructura y funcionalidad de ecosistemas frágiles y también la posibilidad de afectación de servicios ecológicos, que adquieren mayor importancia y valor.

 
 

Un análisis de las factores causales de los procesos erosivos y degradatorios de origen antrópico efectuado en la obra “El Deterioro del Suelo y del Ambiente en la Argentina” , publicada por la Fundación para la Educación, la Ciencia y la Cultura -FECIC- en el 2015 , permite comprobar que los más importantes a nivel nacional son el cambio de uso del suelo, sobrepastoreo, simplificación de la rotación de cultivos y escasa adopción de tecnología conservacionista. En un segundo grupo, pero también de importancia para varias regiones, se mencionan la disminución de la fertilidad del suelo, la actividad petrolera y minera, los incendios de bosques y pastizales y la deficiente planificación de obras viales y caminos.

Las cifras correspondientes al balance entre la extracción de nutrientes por los principales cultivos y los aportes por fertilización, continúan siendo deficitarias en los suelos agrícolas de la Argentina. Así por ejemplo, en la campaña 2018/19 se extrajeron 3,840 millones de toneladas de nitrógeno, fósforo, potasio y azufre, siendo la reposición de 1,225 millones de toneladas, lo que representa un 32 % (García F., 2019). La situación descripta indica la existencia de sistemas productivos que no son sustentables, situación que de no modificarse, limitará el crecimiento de la producción agrícola nacional afectando negativamente los niveles de fertilidad e incrementado los procesos de degradación de los suelos.

 
 

Se estima que actualmente un 36 por ciento del territorio argentino está afectado por procesos de erosión hídrica y eólica lo cual representa unas 100,7 millones de hectáreas. La erosión hídrica es la que más creció en este último cuarto de siglo, duplicándose - el incremento fue de 33,1 millones de hectáreas- , mientras que el crecimiento de los procesos eólicos fue algo menor, aunque importante en términos absolutos (9 millones de hectáreas más de suelos erosionados). Es importante señalar que el mayor crecimiento de la erosión se registra en los grados ligero y moderado con alrededor de 40 millones de hectáreas, mientras que en los grados severo y grave, se ha mantenido más estable. La variabilidad climática que se viene registrando, con incremento tanto de períodos de sequías extendidas, como de lluvias de mayor intensidad, potencia la acción erosiva del viento y la lluvia.

Hacia dónde vamos

La situación descripta constituye un verdadero desafío para los gobiernos y la sociedad de nuestro país, ya que no es posible continuar aumentando la producción a expensas del deterioro y en algunos casos la destrucción lisa y llana de los recursos naturales. En función del crecimiento demográfico, la demanda internacional de alimentos, agua y energía continuará en aumento, lo cual determinará la necesidad de generarlos con tecnologías sustentables. Esto será en el corto plazo una exigencia del comercio internacional que ya ha comenzado a evaluar la huella de carbono e hídrica de los diferentes productos agropecuarios. A la luz de las tendencias mundiales, se considera que se debe priorizar el análisis de las políticas vigentes para expansión de la agricultura, particularmente en ambientes vulnerables. Sin duda lo aconsejable será siempre lograr los aumentos de productividad en los mejores suelos, aprovechando las brechas productivas existentes y las tecnologías disponibles para estos ambientes.

 
 

En el Manual de Buenas Prácticas para Conservación del Suelo y del Agua, publicado recientemente por FECIC, con participación de especialistas de las diferentes regiones del país, se señala claramente que existen tecnologías probadas en las regiones para producir de manera sustentable. A pesar de los esfuerzos de instituciones oficiales y privadas, extensionistas y técnicos, todavía hoy existe un abanico importante en cuanto al grado de aplicación en el terreno, pese a estar demostrada la eficacia para mejorar el manejo y conservación de suelos y aguas.

Sin duda alguna, la difusión del sistema de siembra directa ha constituido un avance de trascendencia para la conservación del suelo desde principios de la década del 90. Este sistema permitió mejorar la calidad de los suelos, basando su éxito en un efectivo control de la erosión, el incremento de la materia orgánica del suelo asociado a la rotación de cultivos y un mejor aprovechamiento del agua pluvial. En las últimas décadas se ha producido una simplificación extrema de los sistemas productivos pampeanos y extrapampeanos, con un paulatino reemplazo de las rotaciones tradicionales por el monocultivo de soja, lo cual ha tenido un impacto desfavorable sobre las funciones del suelo y la sustentabilidad del agroecosistema. Afortunadamente en los últimos años esta situación tiende a revertirse con inclusión de trigo, maíz y pasturas (aún incipiente) en el ciclo de la rotación.

En relieves ondulados con pendientes empinadas y/o de gran longitud, la siembra directa no es suficiente para controlar el escurrimiento y los procesos erosivos. Actualmente en la Argentina se estima que la superficie sistematizada con terrazas para control de erosión es de aproximadamente un millón de hectáreas, mientras que unas 300.000 has más, están protegidas por sistemas de cultivo en contorno. En este punto merece mencionarse la gran difusión que ha tenido este sistema en la Provincia de Entre Ríos, con unas 420.000 has sistematizadas. En cuanto al control de la erosión eólica se estima que actualmente las buenas prácticas se aplican sobre unas 200.000 has de acuerdo a la información relevada, siendo destacable el trabajo de revegetación de áreas degradadas, control de médanos y cultivos en franjas realizado en las Provincias de Rio Negro, Santa Cruz, Chubut, Córdoba y La Pampa.

 
 

Los sistemas productivos de la República Argentina en los últimos años han registrado un cambio por un lado hacia una agricultura más intensiva y por otro debido al corrimiento de la frontera agrícola hacia zonas más frágiles, en muchos casos ocupadas por bosques nativos. La implementación de sistemas silvopastoriles constituye así una alternativa que tiende a optimizar la utilización de los recursos naturales. En los últimos 15 años, los sistemas silvopastoriles están en constante expansión en la Argentina, principalmente en bosques cultivados en Misiones, Corrientes, Neuquén y la zona del Delta Bonaerense del Río Paraná, mientras que su implementación en bosques nativos se concentra en las regiones Chaqueña y Patagónica. Se estima que a nivel nacional, existen 7.200.000 has de bosques nativos manejados adecuadamente con sistemas silvopastoriles.

 
 

La gestión integrada del recurso agua reúne a una serie de prácticas que puede provocar un salto cuali y cuantitativo en la ganadería Argentina. Entre ellas merecen mencionarse el diseño de represas para reducir pérdidas por evaporación e infiltración, la sistematización de las áreas de captación de escurrimientos para alimentar las represas y técnicas para recarga del acuífero. En el centro y norte de la Provincia de Santa Fe, se ha validado la técnica de recarga del acuífero libre con precipitaciones, la que permite mejorar la calidad del agua de bebida para la ganadería, al desconcentrar el exceso de sales del acuífero libre.
La conservación de nuestros suelos, constituye un deber inexcusable, ya que se trata de un recurso natural estratégico para la nación que cumple una función de alcance social y que trasciende las generaciones. Resulta imprescindible pasar a la acción. Para ello será necesario establecer políticas públicas consistentes, tendientes a preservar su integridad y sus funciones, mediante la implementación de un programa de conservación de suelos con fuertes componentes de promoción, capacitación, educación y difusión. También se necesita una ley nacional de suelos que promueva mediante incentivos, la utilización de las buenas prácticas agropecuarias conocidas y validadas, y proteja a los suelos de la erosión y otros procesos degradatorios, especialmente en las áreas críticas.

Esta ley a su vez servirá para articular la frondosa normativa y legislación existente a nivel de las provincias, quienes tienen el dominio sobre los recursos naturales.