REVISTA BIMESTRAL
DICIEMBRE 2019 - ENERO 2020 I NUMERO 165
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» Premio CPIA Bioenergía 2019

 

El arbolado urbano
Como proyecto de paisaje cultural


 
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Ing. Agr. Héctor Angel Reyes Reyes
Posgrado en Arquitectura y Manejo del Paisaje Pontificia Universidad Católica de Chile

 
   

Conjuntamente con la FAUBA, organizamos en septiembre una jornada de Silvicultura Urbana, cuyas conferencias plenarias estuvieron a cargo del prestigioso paisajista chileno Héctor Reyes. Presentamos aquí una síntesis de su primera exposición.

La imagen urbana desde la mirada del arbolado, en esencia debe responder a un proyecto de paisaje sostenible, que se desprenda de la concepción de ciudad que se desea construir, en donde se recojan los valores espaciales, los propios de las especies arbóreas con sus respectivas prácticas de manejo silvoculturales, como herramientas de adecuación de los árboles al nicho urbano. Y aquellos valores singulares del territorio, como también los culturales y sociales de sus habitantes. La articulación racional y sensible de ellos con el objeto de entregar un diseño de paisaje urbano de gran coherencia espacio-temporal con los árboles, que provoquen en los ciudadanos sentimientos de identidad y atributos de memoria, a través de un proceso complejo de percepción sensorial.

 
 

Para que el paisaje cultural urbano, desde la mirada del arbolado pueda sustentarse en su imagen, amigable con el medio ambiente y con la percepción de los ciudadanos. Es preciso conocer profundamente las variables espaciales, ecológicas, y de forma del territorio; y así organizar los límites físicos de los llenos y vacíos de la ciudad, vale decir el espacio calle y la arquitectura organizada urbanísticamente.

La dicotomía entre funcionalidad y coherencia espacial ha llevado al hombre a resolver su habitar comunitario con aciertos y desaciertos. Y la consecuencia de estos últimos en el espacio público en oportunidades perdidas o en el mejor de los casos sin resolver aún. Una de ellas la implementación del arbolado, que se ha enfocado generalmente como algo accesorio o meramente de ornato y no como parte de la infraestructura de la ciudad; que como tal requiere, racionalidad espacial y tecnología.
Hay que cambiar el paradigma de ver el arbolado urbano meramente como un asunto de forestación o plantación, a uno enfocado como un proyecto de paisaje que articule las variables de valor que dependen del código genético de las diferentes especies arbóreas y que se expresan en el fenotipo de ellas. Que sean aptas para el nicho urbano y aquellas variables de valor, que dependen de la traza del urbanista y del responsable del diseño espacial con los árboles. Los valores que determinan la imagen urbana a través de la conjugación de formas definidas por las líneas de construcción arquitectónica y la forma de los árboles en yuxtaposición con las experiencias sensoriales del ciudadano en sus vivencias asociadas a los lugares arbolados son de identidad y memoria.

 
 

El ciudadano común asimila o capta inconscientemente el paisaje cultural, en donde permanece o transita e instantáneamente hace la valoración de la imagen, realizando una síntesis visual de acuerdo a su sensibilidad y acervo cultural, de los diferentes elementos que componen una imagen, realizando la abstracción correspondiente de ella, es decir, quedarse con lo que es esencial, eliminando lo accesorio; es un acto de apreciación con validez estética.

La conjugación y articulación de variables que constituyen valores intrínsecos y extrínsecos, darán como respuesta un arbolado urbano coherente espacialmente en resonancia con el territorio, el urbanismo y la arquitectura. El mejoramiento en imagen de una ciudad, considerando su arbolado como elemento de orden urbano, posee una alta rentabilidad social y es la forma más económica de subir los estándares de calidad del espacio público y por ende la calidad de vida de los ciudadanos; pero no es menos cierto, que es muy vulnerable, ya que los árboles son elementos vivos que poseen una identidad biológica que es preciso conocer profundamente para obtener los beneficios esperados.

Variables que constituyen valores intrínsecos de las especies arbóreas

Las variables intrínsecas son aquellos atributos propios de la especie, independiente el lugar donde estén ubicados: 1.- Origen de la especie, 2.- Dimensión o tamaño, 3.- Estructura de sostén del follaje, especialmente importante en especies de hoja caduca, 4.- Forma externa de la copa o hábito de crecimiento, 5.- Fenología anual, se refiere a los cambios del fenotipo de los árboles en las 4 estaciones del año, así se tiene un cromatismo estacional; 6.- Densidad del follaje, 7.- Sombra proyectada, muy ligada a la densidad del follaje, a la altura, ancho de copa y altura de tronco libre, respecto de las primeras ramas madres. En los ejemplares asociados, la distancia de plantación entre un árbol y otro influye en la sumatoria del dosel de las copas, 8.- Movilidad del follaje, 9.- Textura del follaje, 10.- Textura del sistema leñoso, 11.- adaptabilidad o rusticidad de las especies, a las situaciones que involucran el concepto de ecología urbana, 12.- Tasa de crecimiento, 13.- Longevidad y 14.- Respuesta a la poda.

 
 

Existen otros valores intrínsecos de las especies que son de carácter funcional y/o ecosistémicos, como por ejemplo capacidad de retención de partículas de su follaje, eficiencia para fijar carbono en su biomasa, atracción de avifauna para la nidificación, capacidad para fijar elementos pesados, etc Las variables extrínsecas son aquellos atributos espaciales de emplazamiento que determina primeramente el territorio con la geomorfología o su topografía y el clima como agente modelador de atmósferas a través de la luz que atrapan y reflejan los árboles. Y aquellos que determina el hombre con el diseño espacial de la grilla urbana y las respectivas prácticas de manejo cultural agronómicas o silvoculturales.

Del territorio: Clima, Disponibilidad de agua de riego, suelo, salinidad del suelo y la calidad de agua de riego, ph de los suelos, Presencia de napas freáticas y topografía.
Del espacio: El ancho y el alto del espacio calle, es decir la relación de la horizontal con la vertical, ambas definidas por las líneas de construcción de ambos lados de la calle, el largo del espacio calle, ancho del bandejón central o separador de vías, ancho del veredón o anden, existencia o no de diferentes servicios de cableado aéreo y postación de luminarias, accesos vehiculares a edificios y residencias particulares, ubicación de grifos y señalética del tránsito, que pueden alterar los ritmos y distancia de plantación de los árboles, Tipologías de calles y orientación de la calle respecto a los puntos cardinales, relacionado con el cono de sombra que proyectan las construcciones sólidas.

De las prácticas culturales de establecimiento y mantenimiento de los árboles

1.- Técnicas de plantación,
2.- Poda de formación, etc. Cultuales y sociales: Participación ciudadana, la cual debe guiarse hacia la comprensión del proyecto de paisaje con los árboles y el análisis técnico. Las variables tanto intrínsecas como extrínsecas que influyen directa o indirectamente en la expresión del arbolado urbano, deben ser parte fundamental de un proyecto de paisaje cultural, que obedezcan a un entramado de relaciones entre ellas. Se puedan sintetizar en el siguiente esquema:

Este esquema gráfico es concluyente en cuanto a la necesidad de conjugar la información que contiene para afirmar que el arbolado urbano debe responder a un proyecto de paisaje, y no a buenas intenciones. Significativamente a encontrar un denominador común a la coherencia espacial con los árboles en la ciudad.

El resultado aunque sujeto a la subjetividad del autor, no obstante un equipo multidisciplinario y la participación ciudadana garantiza un grado mayor de objetividad y representatividad. De esta manera se construye imagen urbana con los árboles que genere identidad y memoria.