REVISTA BIMESTRAL
ABRIL - MAYO 2020 I NUMERO 167
Nuestro 2019 - Emprendiendo 2020
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Monitoreo de rendimiento
Cómo aprovechar esta gran fuente de información


 
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Ing. Daniel Rattay
Especialista en Gestión de Precisión
 
   

El mejor sensor de lo que pasa en la tierra es la propia planta. Por ello, los mapas de rendimiento constituyen una ventajosa herramienta para evaluar el comportamiento de los lotes. La información que arrojan tiene potenciales utilidades con una inversión mínima. Sólo hay que dedicarle tiempo para ajustar y analizar los datos obtenidos.

Los mapas de rendimiento nos brindan una valiosa herramienta para evaluar el comportamiento de los lotes. Tener miles de plantas por hectárea que nos están contando a través de sus rendimientos qué les sucedió, es una de las más precisas formas de medir la variabilidad. Asimismo, los mapas de rendimiento nos permiten verificar la calidad de la tarea de cosecha, las velocidades de trabajo, evaluar potenciales pérdidas, contrastar datos contra acopio, además de evaluar la calidad de tareas precedentes como la siembra o los diferentes tratamientos realizados.

Antes de la cosecha

Los mapas de rendimiento son valiosos siempre que los monitores estén correctamente calibrados. Los monitores realizan mediciones indirectas a través de una placa de impacto o midiendo el volumen de grano en la noria. Cualquiera sea el sistema, deben ser calibrados contra una balanza para asegurar que la información que muestra el mapa se correlacione con la realidad.
Cuando trabajan varias máquinas se recomienda que trabajen apareadas (o separadas pocas melgas) porque de esta manera, si una máquina se queda sin monitor, con la otra se puede interpolar la información de todo el lote, cosa que no ocurriría si una máquina trabajara en medio lote y la otra en el resto.

 
   

Durante la cosecha es muy importante realizar una buena administración de los archivos si es que no se cuenta con telemetría, para asegurar que no se pierda información, manteniendo un control de quién trilló cada lote y su fecha. También es muy recomendable si es posible, ir revisando los datos con un programa apropiado, para confirmar que la información que se está relevando es correcta y no tiene errores, ya que si se descubren al finalizar la campaña será tarde para corregirlos. Esta es la oportunidad para observar también los parámetros de trabajo de las máquinas y realizar ajustes sobre la calidad del trabajo.

Lectura y consolidación de la información

Finalizada la trilla, el primer paso será reunir toda la información. Si durante la trilla se fue llevando un control de la información levantada por cada monitor, será mucho más fácil consolidarla al finalizar la campaña. Aunque suene trivial, es frecuente encontrar casos en los que la información queda desperdigada en diferentes lugares o, lamentablemente, se va con el contratista que nos realizó la trilla. A partir de reunir la información es conveniente cargarla en algún programa que nos permita su consolidación y análisis. Si bien hay muchos sistemas de información geográficos (SIG) que pueden realizar ésto, existen programas específicos que, al estar orientados al agro, nos facilitan su carga, visualización y ordenamiento. Algunos de estos programas son de circulación gratuita, y aunque son de hace algunos años atrás, aún no han perdido vigencia.

Para la carga de estos datos en cualquier programa y, dado que los archivos no tienen un formato estándar, es importante contar con el programa específico del monitor de cada máquina, con el que “exportaremos” la información en algún formato (tipo de archivo) genérico que pueda leer cualquier programa. Esto también se puede hacer con los sistemas de telemetría si se cuenta con ellos. Los formatos más comunes son el de “texto” (.txt o .csv) o también el formato “shape” (que es un conjunto de al menos 3 archivos con las siguientes extensiones: .shp .shx y .dbf).

Limpieza de los datos en bruto

Una vez reunida y consolidada la información, ya puede ser utilizada para un primer análisis visual. Sin embargo y para su aplicación en la definición de ambientes o la definición de esquemas de manejo, en muchos casos será necesario realizar una limpieza de la información, ya que ésta suele traer errores. El principal origen de estos errores es por cierres o encuentros de melgas en los que no se corrigió el ancho de corte, o puntos excedentes en cabeceras o movimiento de la máquina sin desactivar el monitor, o casos más complejos en que se trabaja con monitores descalibrados o mapas de varias máquinas con monitores descalibrados entre sí.

Cualquiera sea el caso, estos errores afectan la calidad del mapa y la interpretación que puede realizarse de ellos. Si bien muchos de los errores se pueden corregir por “filtrado” no siempre se puede automatizar el proceso y se requiere de trabajo de un analista que, recorriendo el mapa vaya eliminando información espuria o ajustando datos descalibrados.

Análisis de la información

Existen muchas maneras de mirar un mapa de rendimiento. Algunos aspectos importantes a la hora de realizar la observación visual, es considerar primero la cantidad de rangos que adoptaré y su espaciamiento y forma de separación. En general los programas informáticos específicos suelen asignar colores en forma automática según el rango de los datos, aplicando un color para cada corte o una escala de dos colores graduados. Por eso es importante entender qué rangos está aplicando el programa y cómo los está dividiendo para que sean representativos y relevantes.

 
   

Para evitar este tipo de confusiones lo mejor es aplicar una escala fija para cada cultivo con rangos y colores predefinidos fijos. Esta escala absoluta y constante nos permite dos cosas: 1) comparar diferentes lotes entre sí a simple vista, e interpretar cuál tuvo mejor rendimiento y 2) qué zonas del mismo tuvieron mejor o peor rendimiento y si esa diferencia es significativa. No es lo mismo en un lote con 3000 kg/ha de rendimiento, una diferencia de 200 kg/ha (<10%) que una diferencia de 1000 kg/ha (>30%). Para visualizar diferencias relativas con mayor precisión, se utiliza el mapa de rendimientos normalizados. En este caso se divide el rendimiento por el promedio del lote y se muestra el rendimiento relativo en porcentajes respecto al promedio del lote.

Utilización posterior

Una vez limpios los mapas pueden ser utilizados para delimitar ambientes, para lo que se contrastan con otros mapas de rendimiento, con imágenes de índice verde de otros años o cultivos, ya sea obtenidas por satélites o drones, y con otras fuentes de información como suelos, altimetrías, mapas de conductividad, etc. Este proceso puede hacerse hasta visualmente, particularmente en lugares en donde los ambientes están muy marcados, aunque es recomendable procesarlos estadísticamente para que los ambientes definidos, nos aseguren la menor variabilidad dentro de cada ambiente y, a la vez, las diferencias entre distintos ambientes sean máximas. Esto nos garantizará el mayor retorno del manejo variable por ambientes.

Asimismo, si ya se han definido ambientes, también se puede realizar el análisis de ensayos de manejo variable, estudiando las curvas de respuesta a los diferentes manejos. Éstos van desde definir diferentes dosis de fertilización por ambientes, densidad de semilla, variedades, etc. Mención aparte, merece la realización de muestreos por ambientes, que permitirán definir con más precisión estas estrategias.

Una valiosa fuente de información

Como vemos, tener el mapa de rendimiento nos ofrece muchas posibilidades. Pero más allá de los casos en que no se consiguen contratistas con monitores, vemos también que en muchas oportunidades los mapas quedan en los monitores sin que nadie los pida o, si se piden, terminan en un cajón o en una PC, sin que nadie los revise y les saque provecho.

La información esconde potenciales utilidades y/o ahorros, que en las actuales circunstancias no podemos dejar escapar. Y la inversión una vez que se tienen los mapas de rendimiento es mínima. Sólo debemos dedicar algo de tiempo a aprovecharla.