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Feb - Mar 2020  

Número 166

Ing. Agr. Fernando H. Miguez
M.N. 6366*01*01

Ing. Agr. Inés C. Davérède.

Facultad de Ciencias Agrarias de la UCA.

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Cómo evitar la disminución en el tenor proteico de la soja argentina

En las últimas décadas, se ha verificado una disminución en el tenor proteico de la soja argentina, que genera importantes pérdidas a la industria procesadora. Estudios realizados desde la Facultad de Ciencias Agrarias de la UCA, sugieren que mediante la fertilización adecuada con P y S, es posible aumentar simultáneamente el rendimiento y el tenor proteico en soja.

La República Argentina es el tercer productor mundial de poroto de soja y el primer exportador de aceite y harina de soja. Nuestra industria procesa aproximadamente 40 millones de toneladas anuales. La harina de soja se exporta a 61 países, Vietnam, Indonesia, Argelia, Polonia y España son nuestros princiales mercados y concentran el 39% de la demanda.

La soja es un alimento proteico por excelencia, contiene entre 34 y 40% de proteína y entre 20 y 24% de aceite en su semilla. En la últimas décadas se ha observado un descenso paulatino y sostenido en la concentración de proteína en soja. Pasando de valores que superaban holgadamente el 39% en 1997-2000 a valores inferiores a 36% en las últimas 2 campañas (Figura 1).

Evolución de las concentraciones de aceite y proteína en soja en la zona núcleo sojera
FIGURA 1: Evolución de las concentraciones de proteína y aceite en soja en 22 años de muestreos en Acopios y Cooperativas en la zona núcleo. Elaborado en base a datos del INTA Marcos Juárez.



Este descenso no sólo produce un alimento de menor calidad nutritiva para el ser humano y los animales, sino que genera harinas de menor tenor proteico, que no cumplen con los estándares del mercado internacional para harinas Hipro. La disminución en la concentración proteica de la harina resta competitividad a nuestra industria respecto de otros países productores como Brasil, EEUU y Paraguay, cuyas harinas fácilmente superan el estándar internacional, y hasta ha generado rechazos por parte de los importadores.

La Bolsa de Comercio de Rosario estimó para la campaña 2018/19 un costo extra de US$ 674 millones para nuestra industria procesadora de soja, como consecuencia de la baja en su tenor proteico. Esta cifra surge de considerar los siguientes conceptos:
I) mayores costos energéticos para elevar el nivel de proteína de la harina de soja, mediante un proceso adicional de secado;
II) menores ingresos por la pérdida de volumen del subproducto al disminuir la humedad;
III) problemas logísticos de transporte de un material muy seco y de granulometría más fina; IV) reducción en la capacidad de molienda de la industria y V) reducción de ingresos por descuentos comerciales aplicados por la venta al exterior de harina con menor calidad que la exigida según estándares internacionales.

La generación del tenor proteico en soja es un proceso sumamente complejo, no es su valor absoluto sino el valor relativo a otros compuestos como aceite y carbohidratos en relación al peso total del grano. Interactúan el genotipo, el ambiente térmico y radiativo durante el llenado de los granos, la disponibilidad de N en el suelo y la relacionada con su fijación biológica. El descenso del porcentaje de proteína se ha atribuido a la selección de genotipos de alto rendimiento por parte de los semilleros y a la pérdida de nutrientes de los suelos principalmente por la falta de fertilización de los cultivos.
Los productores no tienen incentivos para sembrar cultivares con altos tenores proteicos ya que tienden a rendir menos que los tradicionales y no reciben bonificaciones por proteína.

FIGURA 2: Comparación entre el rendimiento (eje x) y porcentaje de proteína (eje y), sobre el testigo para diferentes tratamientos: P vs 0 (22 kg ha-1); P+S vs 0 (22 kg ha-1 P y 13 kg ha-1 S); PP+SS vs 0 (40 kg ha-1 P y 24 kg ha-1 S) y P+S vs P (22 kg ha-1 P y 13 kg ha-1 S vs 22 kg ha-1 P), en 31 ensayos en la pampa húmeda durante los años 2013/14, 2014/15, 2015/16 y 2016/17. Cada punto representa una localidad-año y la barra el error estándar.



Existe una relación inversa entre el porcentaje de proteína y de aceite. Una pobre nutrición mineral de la planta podría estar asociada a una menor fijación biológica de N y por ende una menor concentración proteica en grano.
En general los grupos de madurez más altos sembrados al N del país, tienen mayores tenores proteicos que los grupos precoces sembrados en la zona núcleo y sur.
La soja de 2ª muestra usualmente mayor porcentaje de proteína que la de primera, probablemente por explorar un ambiente diferente durante el llenado de las semillas y por un acortamiento en el período de llenado de las semillas. Existen medidas de manejo disponibles que permiten elevar el tenor proteico en soja.

Los ensayos

La Cátedra de Oleaginosas y Cultivos Industriales de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UCA, ha realizado una red de 31 ensayos de fertilización en soja durante cuatro campañas en la pampa húmeda. Los tratamientos fueron: 1.- Testigo sin fertilización; 2.- P (22 kg ha-1); 3.- P+S (22 kg ha-1 P y 13 kg ha-1 S); 4.- PP+SS (40 kg ha-1 P y 24 kg ha-1 S); 5.- P+S + Zn (T3 + 1,25 kg ha-1 Zn); 6.- P+S + B foliar (T3 + 0,1 kg ha-1 B) y 7.- P+S + N foliar (T3 + 10 kg ha-1 N).

Se evaluó la respuesta en rendimiento, porcentaje de aceite (CA), porcentaje de proteína (CP) y profat (PF) (la suma de ambos). La dosis simple de P y S repone aproximadamente lo que extrae un cultivo que rinda 4 t ha-1, mientras que la doble dosis no solamente repone lo extraido sino que tiende a elevar el tenor de nutrientes en el suelo.

La fertilización con P; P+S y PP+SS aumentó los rendimientos en 6,4; 10,5 y 13,6%, respectivamente, con relación al testigo. La gran mayoría de los sitios experimentales tuvieron contenidos de P Bray en suelo inferiores al umbral de respuesta, por lo que el efecto era esperable. El tratamiento con P solamente incrementó CP en cuatro ensayos, promediando 1,6%. La dosis simple de P+S también aumentó CP en cuatro ensayos, promediando 0,9%. La doble dosis PP+SS aumentó PC en 10 ensayos, promediando 1,5%.

En la mayoría de los ensayos (58,1%) la doble dosis PP+SS aumentó simultáneamente el rendimiento y el tenor proteico sobre el testigo (Figura 2). Hubo un leve aumento de PF asociado al incremento en CP en los tratamientos con P+S y PP+SS. No hubo efecto de la fertilización con P y S en simple o doble dosis sobre CA, es decir que el aumento en el porcentaje de proteína no fue en detrimento del porcentaje de aceite. Los tratamientos con N foliar, B foliar y Zn no tuvieron efectos consistentes sobre las variables estudiadas.

Nuestros resultados sugieren que mediante una estrategia adecuada de fertilización, es posible aumentar tanto el rendimiento como el tenor proteico en soja, mejorar la rentabilidad del productor y la competitividad de la industria.