INDICE

Abr - May 2021  

Número 173


Lic. Pedro Vigneau 
M.N. 00074*43*41
 
Presidente Honorario de Aapresid
Comisión Directiva de CPIA. 

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CUIDAR EL SUELO Y EL AIRE ES CUIDAR LAS PLANTAS Y LA VIDA

En el marco del año internacional de la Sanidad Vegetal declarado por la ONU, nos proponemos hacer un abordaje desde distintos ángulos sobre nuestros sistemas productivos, con el objetivo de resaltar la importancia de cuidar el suelo y el aire.  

Es de vital importancia el abordaje sistémico del tema, la complejidad aumenta con la expansión geométrica del conocimiento. Constantemente debemos replantear la mirada, se acabaron las zonas de confort. Vivimos una época apasionante, donde nuestra responsabilidad es fundamental a la hora de pensar cómo queremos que sea nuestro futuro y el de las próximas generaciones.

El suelo

Partir de un diagnóstico lo más objetivo posible resulta clave. Conversamos al respecto con la Ingeniera  Agrónoma y MSc Belen Agosti (M.P. 2445) que forma parte de la consultora DISA (Diagnóstico Integral de Suelos y Ambientes) quien afirma:

“Para describir la salud del suelo, deberíamos comenzar por conocer la salud intrínseca del mismo. Aquella definida por la génesis de ese sustrato en particular y su posición en el paisaje. Recopilar la cartografía (series dominantes), la altimetría, la topografía (posición en el paisaje, pendientes)  y la textura (contenido de arena, limo y arcilla), ya que todo esto nos define un estado de salud propio de ese suelo, que si bien no podemos modificar con el manejo, nos influye en las decisiones que tomemos. Con esta información y su variabilidad espacial, podemos conocer las limitantes edáficas del perfil (como la capacidad de retención de agua, profundidad efectiva, etc.), cuál es el potencial productivo de ese suelo, definir ambientes y ubicar unidades de muestreo de indicadores incluyendo toda la variabilidad presente.

Una vez realizado el trabajo inicial en gabinete, es necesario ir al campo a medir distintos indicadores. 
Los agrupamos en tres categorías: 
1) Indicadores químicos (mo, ph, Na, nutrientes, PSI, etc.), que definen básicamente la fertilidad de ese suelo y la presencia de alguna limitante con sodicidad o salinidad;
2) Indicadores físicos (resistencia mecánica, infiltración, densidad aparente, estructuras laminares y masivas, etc.), que definen la estructura del suelo, fundamental para el crecimiento radicular y la circulación del agua y del aire. 
3) Indicador de cobertura vegetal, que nos permite conocer cómo es la productividad de ese suelo, pero también cómo fue su manejo, en cuanto a tiempo y nivel de cobertura. Este indicador lo estimamos a partir de imágenes satelitales en sucesivos años y a lo largo de todos los meses. Así nos da una idea temporal de la productividad e incluimos la variabilidad interanual.

La utilidad de esta etapa es la de cuantificar uno a uno los indicadores, validar ambientes a campo e integrar toda la información para hacer un correcto diagnóstico de la salud del suelo en cuestión.”



Definimos un proceso para hacer el Diagnóstico Integral de Salud del Suelo, que consiste en elaborar un "boletín" de calificaciones. La idea es ponerle notas (A a D) a los suelos de nuestros lotes para cuantificar su salud actual y también para poder ver su evolución en el tiempo. Conocer esta puntuación permite tomar medidas de manejo para subir las notas bajas o mantener las altas. 

El proceso de obtención de la calificación lo separamos en cuatro etapas. 
En la primera generamos modelos (curvas de frecuencia) por indicador para obtener los umbrales (bajo, intermedio y adecuado). Lo bueno de estos umbrales es que son generados en nuestro ambiente de trabajo, incluyendo toda la variabilidad, incluso lotes vecinos con monoculturas de soja y ambientes pristinos. 

En la segunda etapa colocamos una puntuación relativa (de 0 a 100) para cada indicador medido en cada lote. 
En la tercera etapa obtenemos un promedio de la puntuación para cada grupo de indicadores (físicos, químicos y de cobertura) en cada lote y los rankeamos con cuatro letras (A a D) según el promedio obtenido. Así surge la calificación del boletín. Es un proceso que asegura una mirada integradora, ya que no podemos pensar en caracterizar la salud del suelo solo midiendo un único indicador.



Es importante aclarar que la falta de laboratorios privados a nivel país que puedan ayudar con la medición de indicadores biológicos en el suelo es hoy una limitante muy seria. Al respecto recomiendo conocer el trabajo interdisciplinario realizado en el BIOSPAS (biología de suelos y prácticas agrícolas sustentables).

Párrafo aparte merece el escandaloso déficit en la reposición de nutrientes que sufrimos campaña tras campaña. Aprovecho la oportunidad para hacer un firme llamado a la reflexión a todos (decisores políticos, ingenieros agrónomos, propietarios, arrendatarios, etc.) para que cada uno, desde el lugar que le toca, tome conciencia del problema en cuestión. 
Necesitamos actuar y rápido.

El aire

Este aspecto no es abordado con frecuencia y, sin embargo, se encuentra muy arraigado en las preocupaciones de nuestros consumidores, sobre todo en el sudeste asiático donde la contaminación del aire es un tema de agenda diaria. De hecho la mayoría tiene bajada un app en su celular que le indica la calidad del aire de forma instantánea. En algunas ciudades, el año pasado, hasta tuvieron que pedirle a la población que se quede en sus hogares y no se traslade a su trabajo por la pésima calidad del aire.

Por distintos motivos (siembra directa, poca industrialización, mayoría de llanuras en las áreas productivas, buen régimen de vientos, etc.) la calidad del aire donde desarrollamos nuestra producción es buena. 



El Índice de Calidad del Aire (AQI en inglés) es un índice utilizado por diversas agencias gubernamentales para cuantificar y comunicar al público la calidad del aire. Indica el grado de pureza o contaminación atmosférica y los efectos para la salud.
Existe una página (aqicn.org) que informa en tiempo real cuál es la calidad del aire en los distintos sitios donde se instalan estaciones meteorológicas con este tipo de sensores. 
En nuestro país son muy pocas y en general se encuentran en las ciudades.
Si pudiéramos sumar estos sensores a la red de estaciones que tenemos en las zonas de producción agropecuaria, la información para nuestros consumidores sería instantánea y contundente. Aún está todo por hacerse.

Nuestra Nación ha mostrado liderazgo en el abordaje de la problemática ambiental de su producción. Tenemos mucho para mejorar y seguir aprendiendo. La cuestión es ser conscientes y actuar en consecuencia.