INDICE

Jun - Jul 2020  

NUMERO 168


Dr. Roberto Lecuona
MN 14207*05*01


Director del IMYZA. Instituto de Microbiología y Zoología Agrícola, CICVyA INTA Castelar.

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Bioinsumos Agropecuarios. Presente y futuro.

En los últimos años, los mercados internacionales comenzaron a exigir productos ambientalmente sustentables y más seguros para la salud, impulsando el empleo mundial de bioinsumos. Mientras que en el Hemisferio Norte, esto fue acompañado por legislaciones para favorecer su uso en detrimento de los agroquímicos, Argentina sólo se interesó en mesas de discusiones o en ciertas investigaciones. Con excepción de los inoculantes, aún no hemos concretado el salto tecnológico necesario para la producción y uso de bioinsumos en el país.

Los Bioinsumos tienen una destacada importancia en el Hemisferio Norte y esto va acompañado por legislaciones para favorecer su uso en detrimento de los agroquímicos. América Latina ha incrementado el desarrollo y uso fundamentalmente debido al aporte de Brasil. Por su parte, Argentina no ha mostrado más que interés en mesas de discusiones o en investigaciones específicas pero no ha concretado el salto tecnológico necesario.

El término Bioinsumos se viene usando desde hace muchos años con acepciones diferentes. Aproximadamente desde el año 2000 en INTA se comenzó a llamar así a los insumos biológicos, materializándose en 2004 con una publicación (Bioinsumos. Una contribución a la agricultura sustentable. Ediciones INTA) que comprendía el uso de macro y microorganismos en el sector agropecuario. Sin embargo, en distintos ámbitos todavía este término es usado para cualquier insumo “bio”, en muchos casos sin controles de calidad, con manufactura artesanal y con protocolos no estandarizados. Ante el interés creciente por los bioinsumos, su definición quedó estipulada en la Resolución MinAgro 29/2016.

Picudo del algodonero parasitado por Beauveria
 
   

Existen bioinsumos a base de macroorganismos (predadores y parasitoides) que luego de su producción masiva son liberados en invernáculos o campos. Para alcanzar este objetivo aplicado, es necesario hacer I+D tanto en laboratorio como en invernáculo o pequeñas parcelas. El IMYZA (Instituto de Microbiología y Zoología Agrícola, INTA Castelar) es una de las instituciones agropecuarias líderes en estas temáticas. Ejemplo de este proceso son las investigaciones iniciadas hace más de dos décadas que culminó con la creación de la primer biofábrica instaladas en el IMYZA para la producción de los parasitoides Spalangia endius y Muscidifurax raptor, los cuales son liberados en granjas de aves ponedoras para el control de pupas de mosca doméstica, lográndose, junto con otras medidas de manejo, reducir los perjuicios de esta mosca vectora de enfermedades.

Otro ejemplo más reciente de I+D está referido al control de la chinche del eucaliptus (Thaumastocoris peregrinus) mediante el uso de un parasitoide de huevos (Cleruchoides noackae); el parasitoide fue importado de Uruguay y luego de superada la cuarentena comenzó su multiplicación en laboratorio, optimización del proceso de producción y puesta a punto de una planta piloto de pequeña escala. Actualmente el parasitoide se liberó en cinco sitios (tres en Buenos Aires y dos en Entre Ríos) y ya está comenzando su establecimiento en campo.

Otros ejemplos que se pueden citar es la cría masiva y liberación de mosca de la fruta estéril para la Técnica del Insecto Estéril (ISCAMEN) y la producción del parasitoide Goniozus legneri para el control de Cydia pomonella (CEMUBIO). Asimismo, hay emprendimientos privados que importan y liberan enemigos naturales o, lo más conveniente, multiplicar masivamente los insectos nativos. Hasta el momento, estos benéficos no requieren ser registrados en SENASA.

Cleruchoides noackae, parasitoide de huevos de T.peregrinus
 
   

Por otro lado, se tiene a los bioinsumos generados con microorganismos, tanto para el control de plagas (artrópodos, enfermedades y malezas) como para mejorar la producción vegetal (Promotores del Crecimiento Vegetal, PCV). Son los llamados bioinsecticidas, micoinsecticidas, biofunguicidas, bioherbicidas y biofertilizantes. Para el caso de los bioinsecticidas, los mismos se basan en hongos, bacterias, virus, protozoarios y nemátodos entomopatógenos los cuales deben ser producidos y formulados para, previo registro en SENASA, ser usados en el campo. En esta temática, el IMYZA ha realizado y alcanzado logros significativos, siendo el primero en llevar a cabo una investigación básica (morfología y biología molecular) y el desarrollo de formulaciones con virus entomopatógenos para ser utilizados en el control microbiano de plagas en manzanos y perales. De esta forma, IMYZA consiguió imponer el uso del bioinsecticida “Carpovirus” (baculovirus, GVCp) para el control de C. pomonella, reduciendo los daños y favoreciendo las exportaciones de frutas libres de esta plaga hacia el continente europeo.

En relación con las bacterias entomopatógenas, el IMYZA cuenta con una importante colección de cepas de bacilos, de referencia y autóctonas, la cual es utilizada en el desarrollo de nuevos bioinsecticidas, ya sea con mayor eficacia de control (como para algunos lepidópteros) o destinados al manejo de otras plagas (como los nematodos fitófagos o los coleopteros). De este modo, desarrolló una formulación líquida de un biolarvicida a base de Bacillus thuringiensis israelensis para el control del mosquito Aedes aegypti. Su excelente efectividad y persistencia en condiciones naturales así como el importante brote de dengue (2009) facilitó la transferencia del protocolo de producción a una empresa privada (Prodinsa) así como para ser usado en salud pública de la provincia de Formosa y más recientemente se iniciaron los acuerdos para su futuro uso en Salta.

Hormiga parasitada por Beauveria
 
   

En relación con las I+D para el desarrollo de micoplaguicidas, el IMYZA viene trabajando con dos especies fúngicas ampliamente conocidas, Beauveria bassiana y Metarhizium anisopliae, contando con cepas seleccionadas para el desarrollo de bioinsumos sobre diferentes artrópodos plagas: garrapatas, moscas (doméstica y de la fruta), hormigas cortadoras, chinches, larvas defoliadoras, picudo del algodonero, psílido de los cítricos, etc. Varias formulaciones experimentales se encuentran en análisis para luego ser registradas en SENASA y/o hacer convenios de vinculación público-privados. En IMYZA, los estudios con microorganismos benéficos antagonistas de fitopatógenos se iniciaron hace más de dos décadas, con el aislamiento, selección, caracterización e identificación de cepas de los géneros Cladorrhinum y Trichoderma. Se han seleccionado cepas de Trichoderma harzianum con capacidad biofungicida y PCV sobre diversos cultivos (extensivos y hortícolas). Como resultado de los estudios se obtuvieron tres productos comerciales: el primer biofungicida registrado Rizoderma® basado en la formulación líquida de una cepa de T. harzianum y dos biofertilizantes en formulaciones sólidas: Biotrap®, basado en una cepa de Bacillus amyloliquefaciens y Trichotrap®, basado en otra cepa T. harzianum. Actualmente otros productos se están estudiando así como otras instituciones también están abocadas al desarrollo de nuevos bioinsumos.

Los denominados biofertilizantes, son también bioinsumos elaborados en base a una o más cepas de microorganismos benéficos que pueden ser aplicados al suelo, a las semillas o plantas y promueven el crecimiento vegetal o favorecen el aprovechamiento de nutrientes en asociación con la planta o su rizosfera. Incluye a los inoculantes elaborados con rizobios, micorrizas y rizobacterias PCV. Todos ellos se deben registrar en SENASA. El IMYZA hace más de 40 años que realiza I+D en esta área, disponiendo de una colección que ha servido de insumo para el desarrollo de inoculantes en el sector privado. Por ejemplo desarrolló y transfirió la tecnología de producción del primer inoculante líquido acuoso en el mercado nacional. Asimismo, ha contribuido con el desarrollo de la tecnología de semilla preinoculada de alfalfa y soja así como el desarrollo y transferencia de inoculante líquido en base a Azospirillum brasilense para los cultivos de trigo y maíz. Actualmente se han seleccionado nuevas cepas que otorgan un beneficio más al medio ambiente, como es la capacidad de mitigar el estrés hídrico, solubilizar fósforo y rizobios más eficientes en la FBN y que no generen GEIs, teniendo en cuenta las diferentes técnicas de inoculación (semilla, foliar, surco, etc.).

Raices de soja con nódulos
 
   

La ONU aboga por reducir el consumo de RRNN a niveles sostenibles y realizar una mejor gestión y utilización de los recursos a nivel mundial pensando que para el 2050 se espera que la población alcance los 10.000 millones, lo que demandará un mayor consumo de carne, frutas y hortalizas pero salvaguardando la biodiversidad de la tierra y optimizando los recursos, reduciendo la cantidad de residuos y la contaminación generada por la actividad humana. Todo este contexto ha motivado el desarrollo de nuevos productos para la protección y nutrición vegetal elaborados a base de microorganismos, extractos botánicos así como la liberación de macroorganismos, los cuales pueden impulsar la demanda de bioinsumos en el futuro.

Actualmente hay aproximadamente 30 millones de hectáreas bajo control biológico, con el uso de 350 especies de agentes de control y más de 500 productos comerciales, siendo Estados Unidos quien domina el mercado de microorganismos y UE el de macroorganismos.
De este modo, en los últimos años los mercados internacionales exigen productos ambientalmente sustentables y más seguros para la salud y es este nicho donde el empleo de los bioinsumos ha tenido un gran impulso y una creciente importancia a nivel mundial.

La venta y uso de bioplaguicidas es dominada por el Hemisferio Norte, con un 35% en Estados Unidos y 32% para la UE; le siguen los países de Asía y el Pacífico (16%), fundamentalmente China e India y finalmente Latinoamérica (15%) con Brasil traccionando este mercado. Entre los bioplaguicidas, los bioinsecticidas representan el 47%, los biofunguicidas el 44%, los bionematicidas el 3% y finalmente con 1% los bioherbicidas, rubro que no tiene el desarrollo esperado a pesar de los casos hallados de resistencia de malezas a los herbicidas. Por otro lado, los bioinsumos microbianos representan el 58% del mercado, los macroorganismos el 13% y los llamados bioquímicos el 30% (feromonas, extractos vegetales).

Las proyecciones del mercado de bioplaguicidas varían según las fuentes pero en general crecería a una tasa anual del 15-20%. Por ejemplo en 2018 fue de U$S 3 mil millones, en 2020 de estima en U$S 5.000, en 2023 en U$S 6.400 millones y para 2025 en U$S 11.000 millones. Los factores que impulsan y justifican estos cambios, son el incremento de la producción orgánica, el aumento en el costo de la aplicación de los agroquímicos, el incremento en el desarrollo de resistencia a los insectos frente a estos químicos y el aumento de la conciencia sobre los riesgos laborales causados por los agroquímicos. Incluso se han realizado proyecciones teóricas que indicarían que entre 2040 y 2050 los bioplaguicidas igualarían el mercado de los agroquímicos, con un mayor aporte de países de África y Asia.

Garrapata parasitada por Beauveria
 
   

En América Latina se ha observado un incremento de las I+D y consecuentemente un aumento en la producción y uso de bioinsumos, en particular en Cuba, Brasil y Colombia. Así, por ejemplo en Brasil las ventas de bioinsumos creció un 70% en los últimos años, sin embargo nuestros vecinos consideran que aún es una alternativa marginal para el control de plagas y enfermedades, debido a la tradición en el uso de agroquímicos. En la Argentina hace más de cuatro décadas que distintas instituciones (INTA, CONICET, CEPAVE, Universidades, etc.) vienen realizando I+D con agentes biológicos para el control de fitopatógenos, artrópodos plagas (con entomófagos y entomopatógenos) y también con PCV. Sin embargo, esto aún no se visualiza en el número de productos biológicos registrados en SENASA (sector agropecuario) o ANMAT (sector del peridomicilio) que garanticen el cumplimiento de los estándares de inocuidad y que presenten la calidad deseada para su empleo. La presencia en el mercado local de “bioinsumos no registrados” que se comercializan por distintas vías provoca fallas en la eficiencia de control, al no contar con los estándares de calidad requeridos y como consecuencia, el descrédito y desaliento del productor y/o consumidor hacia los productos biológicos.

Prueba de ello es que en último Censo Agropecuario se citan 11.029 explotaciones agropecuarias que declaran hacer control biológico de plagas (< 5% del total) y, seguramente, muy pocos usen bionsumos registrados en SENASA, ya que su número es escaso.

Por lo tanto, aún no se ha dado el salto tecnológico en nuestro país para la producción y uso de bioinsumos, con excepción de los inoculantes, debido al escaso interés del sector privado a instalar biofábricas, tal vez por los costos de producción y registro, mano de obra, volúmenes de facturación, competencia desleal de bioinsumos no registrados. En cambio, sí se aprecia un incremento de producción y uso de “bioinsumos intraprediales” para los cuales no hay normativas precisas y cada uno hace de estas producciones un arte difícil de estandarizar y de cuantificar la inocuidad de los mismos.

Garrapata parasitadea por Metarhizium
 
   

Un posible motor para el cambio en el desarrollo y uso de los bioinsumos podrá ser el sector exportador que traccionaría hacia tecnologías limpias por exigencias de los mercados compradores. Un ejemplo lo tenemos en el uso del bioinsecticida viral para el control de C. pomonella en frutales de pepita y carozo, ya que existen bioinsecticidas registrados y en uso en Argentina, debido a las demandas europeas de alimentos libres de residuos químicos.

Existen algunas acciones que pueden ser realizadas desde el Estado (Nacional, Provincial y Municipal) que podrían favorecer el desarrollo y uso de bioinsumos. A modo de ejemplo:
> Políticas públicas proactivas y adaptables para el desarrollo de bioinsumos.
> Facilitar el acceso y uso de los RRNN provinciales con normativas y exigencias claras, ágiles y unificadas.
> Incentivos destinados a empresas de bioinsumos (desarrollos) y a productores (adoptantes).
> Aprovechar las BPA como estímulo al uso de bioinsumos.
> Normas para Registro de bioinsumos específicas (no dentro de los agroquímicos), con trámites ágiles y de fácil acceso.
> Organismos de control y fiscalización que garanticen calidad y efectividad de los bioinsumos registrados a lo largo del tiempo y que eviten la comercialización de los “no registrados”.
> Convenios específicos entre organismos de fiscalización y otros organismos estatales para colaborar en garantizar la calidad de los bioinsumos.

Por otro lado desde el Sistema Educativo y de Ciencia y Tecnología, se podría analizar distintos aspectos para beneficiar a los bioinsumos, como por ejemplo,
> Mejorar y ampliar las currículas universitarias, desde aspectos básicos hasta aplicados, para demostrar las ventajas económicas y ecológicas del control biológico y los bioinsumos, su uso y aplicación en campo así como incrementar la formación tecnológica y en bioprocesos.
> Incrementar los RR$$ y RRHH en I+D.
> Unificar la nomenclatura de bioinsumos de uso común en distintos países para tener definiciones y reglamentaciones similares.
> Evitar el trabajo lineal en innovación, promoviendo trabajar en una red de actores proactivos, un Ecosistema en Red Adhocrática.
> Contribuir a la difusión y capacitación de los bioinsumos a distintos niveles: productores, empresarios, funcionarios, extensionistas, cooperativistas y público en general.

Por último, el sector Empresarial debería también realizar aportes como por ejemplo,
> Realizar más I+D en las empresas, articulando con el sistema de CyT para obtener beneficios mutuos.
> Incrementar la inversión para la instalación de biofábricas con el fin de producir y comercializar bioinsumos de calidad registrada y sostenida en el tiempo.
> Analizar el sistema de cooperativas con vistas a ser una salida productiva para casos específicos, siempre bajo normas de calidad y registro de productos.
> Priorizar los desarrollos locales en lugar de importar productos biológicos.

Para el caso de los bioplaguicidas, existen varias razones que apoyan firmemente las perspectivas de crecimiento en el mercado mundial:

1) incremento de la producción agrícola con menor impacto ambiental y sin afectar la biodiversidad, 2) demandas del mercado y cambios en la cadena productiva requiriendo alimentos saludables, libres de residuos, mayor uso de etiquetas específicas “bio” en los alimentos así como empresas más comprometidas con disponer de espacios orgánicos/biológicos en sus góndolas, 3) la legislación internacional alineada con el uso de bioplaguicidas, en especial en la UE mediante leyes que obligan a la reducción del uso de agroquímicos y a la eliminación de algunos de ellos. Todo esto ya se está comentando en distintos foros europeos y se puede leer al respecto dos notas de fines del año pasado en La Nación (Fernando Bertello, Horacio Busanello) y Clarín (Silvia Naishtat), donde se resume la situación de la UE:

> “Hay un cuestionamiento muy fuerte en Europa hacia el uso de químicos sintéticos en la producción de alimentos donde se cuestiona la seguridad y sustentabilidad de la agricultura a largo plazo. El uso de este tipo de productos se asocia, con o sin base científica, a la producción de alimentos no saludables. Los entes reguladores europeos parecen orientados hacia una agricultura sin químicos, donde no hay incentivos para renovar los registros de los productos químicos que van venciendo. En medio de los cuestionamientos, allí se abren paso productos biológicos dentro de la canasta de insumos de los productores, formados por componentes naturales como microorganismos (bacterias, hongos, virus, protozoos), extractos de plantas, sustancias orgánicas, etc.”

> “La gran paradoja que se plantea es como alimentar a una población creciente sin dañar al medio ambiente. Entre las alternativas se citan el reemplazo de fertilizantes por microorganismos. Todo estaría orientado hacia los controles biológicos, en una era que los científicos caracterizan como de químico fobia”.