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Agosto - Septiembre 2020  

NUMERO 169


Ing. Agr. Andrés Méndez

Especialista en Agricultura de Precisión del INTA Manfredi

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La robótica y su impacto en el sistema agropecuario e industrial

Muchas empresas agropecuarias locales estudian hoy nuevas formas de innovar y revolucionar el sistema 
agropecuario argentino, tal como lo hizo hace 20 años la Agricultura de Precisión. Nuestro país posee una capacidad sorprendente para este tipo de desarrollos y ya cuenta con un gran número de AgTech. El desafío hoy es el desarrollo de sistemas robotizados que nos permitan posicionarnos como un país productor de tecnología de avanzada para el mundo, imponiendo un nuevo sistema de producción agropecuaria.

Se está registrando actualmente un fenómeno muy interesante para la producción agropecuaria. El sistema agropecuario ha comenzado un cambio que no tiene vuelta atrás en primera instancia, en cuanto a la producción de granos. Por un lado, la sociedad comienza a tener mayor poder de selección sobre los productos que provienen del campo, se comienzan a exigir mayores controles sobre posibles contaminantes de agroquímicos en periurbanos y algunos países demandan alimentos con trazabilidad de producción. Este nuevo esquema productivo comienza a demandar la utilización de software cada día más integrales, sistemas de trazabilidad globalizados y la inserción de la robótica que logra un nuevo trabajo con mayor detalle de la producción. Estos cambios, en un principio siempre generan un cierto rechazo a lo nuevo, pero el mundo indica que es el camino a seguir de ahora en adelante.

Hay un paralelismo con esta nueva propuesta y lo que fue en su momento la Agricultura de Precisión (AP) cerca del año 1998, donde hablar de GPS y triangulación de satélites, era como hablar de extraterrestres. En ese momento surgía la duda de cómo impactaría la (AP) en el sistema agropecuario, como así también en los puestos de trabajo que podrían quedar afuera, dado que se empezaba a visualizar un mayor nivel de automatismo en la maquinaria existente. En 1999 por ejemplo, la gente debatía sobre cómo el banderillero satelital estaba reemplazando a la persona que marcaba el ancho de cada pasada de la pulverizadora.
El paso del tiempo fue demostrando que esta tecnología logró aumentar el trabajo en el sector agropecuario. También comenzaron a aparecer empresas de tecnología, otras que brindan servicios para que los equipos funcionen a campo, como así también en la propia industria relacionada al agro. Se calcula que la robotización brindará mayor cantidad de trabajo al actualmente existente y algunos estudios mencionan que se multiplicarían por 4 los puestos de trabajo.

Entre 1996 y 2001 se probaron en Argentina nuevas herramientas basadas en AP. En esa primera instancia fuimos meramente importadores de tecnología desde Estados Unidos. Estas pruebas consistían en la realización de ensayos que buscaban demostrar la rentabilidad en la utilización de estas herramientas de AP que, por lo general, se instalaban en diversas máquinas agrícolas.
Posteriormente a 2001 y con la crisis económica de ese momento, muchas empresas argentinas comenzaron a producir tecnología de AP nacional y realmente fue un boom productivo y de crecimiento en equipamientos innovadores, no sólo para nuestro país, sino para el mundo. Se lograron productos que en el mundo no existían y algunas empresas argentinas marcaron el paso de la evolución de la AP a nivel mundial.
Alrededor de 2012, y luego de varios años de crecimiento en adquisición de herramientas de AP, se ingresó a una meseta. Mientras el resto de los países siguió avanzando, la Argentina quedó con poca expectativa de innovación. Hoy muchas empresas nacionales están buscando la manera de innovar y generar un producto que revolucione nuevamente al sistema agropecuario. En la actualidad, algunas empresas argentinas han desarrollado algunos diseños de robótica muy interesantes.

Una de ellas creó un robot multipropósito. Este nuevo diseño puede marcar el camino hacia el futuro de la nueva agricultura. Desde hace varios años se han desarrollado herramientas aisladas, donde cada usuario le buscaba rentabilidad a las aplicaciones utilizadas. Hoy nos encontramos con herramientas bien desarrolladas que, si las incorporamos en un sistema de trabajo innovador, podrían generar un producto totalmente disruptivo.

Por otro lado, se desarrollaron un gran número de AgTech. Resulta sorprendente la capacidad que posee nuestro país para generar nuevos desarrollos para el sector agropecuario. En este sentido, cobra una importancia aún mayor saber que el sector está sufriendo un cambio generacional, que seguramente permitirá actualizar o mejorar la manera de producir. Uno de los puntos importantes es la generación de encuentros de quienes producen AgTech, con quienes la necesitan. Como así también la generación de ámbitos de sinergia, en relación con las necesidades de cada uno de los subsectores que componen al sistema agropecuario, y de quienes están dispuestos a generar nuevas herramientas según esas necesidades.

Más allá de las críticas que pueda tener un nuevo sistema productivo basado en el uso de software, robótica, trazabilidad, especialidades, economía circular, producción con aprobación social, menor utilización de productos químicos y mayores desarrollos de maquinaria con electrónica; todo esto lleva a una mejora continua de lo que ya existe en Argentina. Países como Estados Unidos ya empezaron a producir con un concepto similar al mencionado y varios países europeos comienzan a ponerle trabas al ingreso de granos (por ej: maíz) de los cuales no conoce cómo se realizó su producción.

Hay que destacar en la historia de la AP un punto muy importante y para no dejar de tener en cuenta en futuros desarrollos. La mayor cantidad de ventas se dio en productos de fácil manejo y simplicidad de trabajo, independientemente del precio. Por ej.: un monitor de rendimiento costaba 8.500 dólares y se vendía a menor valor que un piloto automático, que costaba 20.000 dólares. Esto a su vez, no sólo hacía que los usuarios lo utilizaran y entendiesen, sino que lo difundieran entre sus pares, porque sentían que entendían el trabajo que se realizaba y veían la solución rápidamente y sin tantos análisis posteriores. Teniendo en cuenta estos antecedentes es que se avizora un futuro con mayor demanda en herramientas o maquinaria, que resuelvan los trabajos prácticamente solos en tiempo real y en situaciones muy diversas como las que se dan a campo. Todos estos trabajos siempre demandarán de una inspección de personas que permanezcan en el lugar con el móvil (robot, drones, etc.) a la vista y también vía remota. 

Costos de los sistemas robotizados

Hay que tener en cuenta los costos de la maquinaria agrícola actual, que cada día se incrementan más y se llevan mayor porcentaje de los costos del productor agropecuario. Las labores de pulverización, siembra, fertilización y uso de tractor, hoy pueden ser reemplazadas por un robot con mejores prestaciones. Como posiblemente en el corto plazo también pueda ser un robot cosechador de diversas calidades de granos en tiempo real. Este sistema no sólo permite pensar en dar mayor competitividad a los productores actuales, sino de también en la incorporación de  aquellos que quedaron fuera del sistema por costos o por tener pocas hectáreas. Según el Ing. Agr. Ricardo Garbers, con un supuesto análisis imaginario (dado que no hemos podido llevar a cabo las pruebas a campo con los robots con sus diferentes herramientas multiusos), pero teniendo en cuenta la maquinaria actual convencional y comparándola con las aplicaciones robotizadas, se podría llegar a la conclusión de que la robótica lograría bajar los costos un 62%.

Mas allá de los costos de la maquinaria agrícola en comparación con la robótica, se le suman otros ahorros de productos que en cada etapa logran una gran mejora de insumos utilizados. En el caso de los agroquímicos, tomando el resultado de ensayos realizados en Alemania, se logró un 80% de ahorros de insumos cuando el trabajo se realizaba con visión artificial. La visión artificial funciona tomando imágenes de la estructura de las plantas, y luego se les aplica el producto sólo a las que se considera malezas, porque quedan guardadas en la memoria del equipo. 

A su vez, el equipo va almacenando el mapa de malezas del campo, que también queda guardado en la memoria para saber cómo se va desarrollando la distribución de malezas, lograr un seguimiento de las mismas y tener en cuenta ese plan de trabajo para futuras aplicaciones.

Con la aparición de la robótica, indefectiblemente llegamos a un cambio total de paradigma en la producción agropecuaria actual. Alcanzamos de esta manera un sistema que nos permite lograr mayor competitividad global y lograr productos que hoy no se generan con facilidad. Productos con una trazabilidad única, dado que todo queda grabado centímetro a centímetro, con relevamiento de datos cada día más complejos, con automatismo y visión artificial que decidirá las actividades a realizar. Se podrán integrar de manera mucho más simple las aplicaciones innovadoras al sistema de software que permitirá contar con expertos que colaboren a que cada campo se acerque a la manera ideal de producir. Si estas tecnologías son bien pensadas e integradas en un sistema accesible, se puede decir que estamos ante la generación de conocimiento más rápida de la historia para el campo. 

Hoy la robótica que se puede observar en otros países, tiene un concepto diferente al que se está desarrollando en Argentina. La nuestra apunta a un robot multipropósito que tiene un módulo que se cambia (siembra, pulverización sin deriva y solo a las malezas, kit de herramientas para control mecánico de malezas, fertilización al voleo y fertilización incorporada, entre otras acciones). Este sistema se independiza del uso del tractor y son de accionamiento eléctrico. A grandes rasgos, podemos decir que un solo chasis robótico se puede transformar en diferentes tipos de maquinaria. El costo podría rondar en el precio de una sembradora de 16 cuerpos y podría ser utilizado en tantas opciones como quiera adaptar el contratista o productor.

Con este nuevo concepto, Argentina se vuelve a posicionar como un país productor de tecnología de avanzada para el mundo y puede imponer un nuevo sistema de producción agropecuaria. Al modelo productivo hay que agregarle inteligencia para poder cambiar la relación de producción de granos que generan en su mayoría alimento para animales o para ser convertidos en biocombustibles. En otros países ya se diferencia el precio de los alimentos para consumo humano.

Desarrollar soluciones para lo que necesita el mundo es más factible con sistemas robotizados. Italia ya posee más del 14% de alimentos orgánicos que son solicitados por un alto porcentaje de su población.

Las exportaciones del agro actualmente son la fuente de dólares más importantes del país pero, sin dudas, el futuro no será el commodity, sino los desarrollos tecnológicos.Y si observamos lo que sucede en países desarrollados, ya se empieza a conocer esa relación. Países muy chicos en superficie tienen mayor PBI que Argentina y justamente no producen commodities.

Se pueden observar muchas personas aisladas o no tan aisladas que visualizan grandes cambios tecnológicos, pero nadie puede terminar de darle un sentido práctico y de cómo repercutiría en el mayor ahorro y por consiguiente mayores réditos económicos para los productores, para los industriales y para el país.

En pocos años, muchos productores tendrán un robot en su campo, como así también se generará un nuevo modelo de contratista basado en la robótica. Hoy un contratista que calibra un monitor de rendimiento y pone a punto un sistema controlador de malezas diferenciado, trabaja con piloto automático, entre otros. Este prestador de servicios será capaz de lograr hacer andar un robot a distancia, con asistencia de un centro de consultas y algunos videos instructivos de ayuda.