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Oct - Nov 2020  

Número 170


Ing. Hernán Testa 

Lúpulos Andinos
 
 

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Lúpulo en la Argentina. Una producción que se renueva.

Luego de haber superado años difíciles, la producción de lúpulo en el país crece y enfrenta nuevos desafíos. Apoyado en la incorporación de tecnología innovadora, el sector aspira a incrementar la superficie cultivada y a mejorar la calidad del producto, con el fin de posicionarlo a la altura del estándar internacional de los mejores productores del mundo.

La década del 90 afectó negativamente al sector lupulero, no sólo por los bajos precios internacionales sino también por el contexto macroeconómico de nuestro país.
Luego de varios años de lidiar con un tipo de cambio muy desfavorable para la competitividad de esta economía regional, al punto de tener que vender por debajo del costo de producción, se contrajo drásticamente la cantidad de productores y la superficie implantada. En la década del 80 llegaron a ser más de 30 los cultivadores de lúpulo en la Argentina, que abarcaban unas 350 hectáreas. Incluso la firma metalmecánica CRIBSA (localizada en Villa Regina, Río Negro) llegó a fabricar cosechadoras de lúpulo. Para el año 2005 quedaban menos de 10 productores y menos de la mitad de la superficie en producción.



A partir de 2007-2008 el escenario cambió: comenzó a faltar lúpulo en el mundo y en, consecuencia, el precio internacional se disparó a valores inéditos. En ese momento tuve la fortuna de arribar a la Comarca Andina del Paralelo 42º en busca de trabajo profesional. Al poco tiempo, me sumé al equipo de una de las chacras del Camino de los Nogales, al fondo del valle de El Bolsón, zona agrícola por excelencia. Rápidamente me entusiasmé con numerosos aspectos técnicos de este fascinante cultivo. Sin embargo, por aquellos años, el mercado seguía siendo casi enteramente ligado a la demanda de la principal industria (Cervecería y Maltería Quilmes), sin demasiados desafíos en términos de diferenciación de producto.

Entre los años 2010 y 2015 “entró a la cancha” un nuevo jugador, o mejor dicho un nuevo equipo, formado por muchos jugadores de distinto tamaño: el sector cervecero artesanal. Desde entonces todo cambió: tanto en el terreno de los números como en las reglas de juego.
El grado de apreciación y diferenciación del producto alcanzó niveles inimaginables y, por consiguiente, la parte comercial y el acercamiento a las cervecerías comenzaron a ser casi una profesión aparte. Pasamos de hablar acerca de kilos/hectárea como principal variable, hasta el punto de caracterizar químicamente compuestos terpénicos casi imperceptibles, y resaltar descriptores aromáticos a escala de lote producido.

Quizás estemos evolucionando, estudiando un poco el mundo del vino. Hoy hablamos más sobre variedades y aromas que sobre resinas, y la superficie se incrementa lentamente, en un mercado de gran demanda dispuesto a pagar altos precios por la mejor calidad.

Si bien la Argentina es uno de los países más amantes del vino, también es un país cervecero. En el ránking mundial de producción ocupa el puesto número 23, con un volumen anual que ronda los 19 millones de hectolitros, lo cual se podría traducir en 42 litros/habitante si equiparamos producción y consumo (valores bastante coincidentes).

En términos absolutos, según el promedio de los últimos tres años, el sector cervecero requiere aproximadamente mil toneladas de lúpulo anuales, y hoy producimos apenas 270 “en casa”, de las cuales dos tercios se destinan a ventas a la industria y un tercio al sector cervecero artesanal.

Este joven y atomizado sector abastece cerca del 3% de la demanda de cerveza, y consume 250-300 toneladas de lúpulo, ya que la tasa de utilización de este preciado ingrediente es mucho mayor, sobre todo a partir del auge de las IPAs y sus estilos derivados. Sin embargo, según se observa en el gráfico anterior, el valor FOB del lúpulo que demanda el sector cervecero artesanal es cercano al 40%. La diferencia de precio por unidad de volumen no solamente se debe a que la industria logra negociar contratos de abastecimiento de gran tamaño, en comparación con las compras más discretas que realizan los cerveceros artesanales y los distribuidores del sector, sino que en general estas compras chicas involucran variedades de alto precio.

No sabemos exactamente cuál será el escenario futuro pero, como productores, estamos seguros que apuntar a sustituir importaciones de lúpulo es bueno para nuestra economía regional y nacional. Esperamos llegar en 2 o 3 años a superar las 200 hectáreas de cultivo de lúpulo en todo el país, incorporando nuevas variedades y mejorando cada vez más los aspectos de calidad de producto. En este sentido, acaba de arribar al país una cosechadora alemana de última generación, algo que no ocurre desde hace 26 años.
La empresa de la cual formo parte, realizó una inversión sin precedentes, con el objetivo de redoblar apuestas en la producción y apostando a futuro para poder seguir abasteciendo todos los segmentos del mercado. Actualmente, Cervecería y Maltería Quilmes sigue siendo un cliente principal, que ocupa un lugar importante en el mercado, y genera contratos de abastecimiento plurianuales que son muy valiosos, sobre todo en años de crisis como el que estamos transitando.

Esta nueva tecnología nos permitirá cosechar con mucha mayor eficacia, incrementando en forma significativa la calidad del producto final. Un aspecto clave durante la cosecha del lúpulo (desde mediados de febrero hasta fines de marzo) es poder seleccionar el orden correcto de las parcelas de campo en función de su momento óptimo de madurez.

Para ello se requiere disponer de una capacidad instalada acorde a la superficie implantada.
Hasta ahora, en “Lúpulos Andinos” existen ciertas ineficiencias mecánicas, y también ineficacias al no separar bien los conos de lúpulo y mezclar con hojas y tallos, lo cual incrementa el “porcentaje de materia extraña” en términos de calidad de producto. Con la incorporación de este activo será factible solucionar estas complicaciones y lograr valores menores a 1% de materia extraña, acorde a los protocolos de las cervecerías más exigentes.
Soñamos con posicionar nuestro lúpulo a la par del estándar internacional de los mejores productores del mundo.