INDICE

Dic 2020 - Ene 2021  

Número 171


Dra. María Carolina Sasal     
M.N. 15994*01*01

Departamento de Recursos Naturales y Gestión Ambiental. EEA INTA PARANA. 
 

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Gestión del ambiente agropecuario. Impactos y estrategias de conservación y remediación de los recursos hídricos.


Sabemos que la producción agropecuaria integra acciones sobre el suelo, el agua, el aire y la biodiversidad para generar los alimentos, las fibras y los biocombustibles. A diario se toman decisiones que pueden impactar positiva y negativamente sobre el ambiente. De eso se trata la gestión ambiental, cuya problemática abordamos en esta nota. 

Actualmente la gestión del ambiente agropecuario está cuestionada por buena parte de la sociedad. Problemas como la degradación de los recursos naturales, deterioro de la calidad de los alimentos y la contaminación son algunas de las preocupaciones de la población que están asociadas a la producción agropecuaria.
En un gráfico de la Universidad de Estocolmo de hace muchos años, pero que tiene una integración muy interesante de distintos aspectos a nivel global, se estima cómo diferentes variables han cambiado durante los últimos 50 años. Se observa con una escala de semáforos de verde a rojo cuáles son aquellos parámetros, a nivel mundial, que los investigadores señalan como que han superado un umbral crítico relacionado al deterioro del medio ambiente.

Particularmente vemos a los flujos biogeoquímicos de nitrógeno y de fósforo y a la integridad de la biosfera como aquellos que están en rojo, y se ha actualizado en 2017 con esta característica de preocupación a nivel mundial por la llegada de nutrientes como el nitrógeno y fósforo a los océanos a través de los cursos de agua y el impacto que éstos generan sobre los ecosistemas acuáticos y la integridad genética de los organismos. También en 2017 se incrementó el problema del cambio climático y del cambio en el uso de la tierra que comprometen oportunidades de las generaciones futuras.

El año pasado salió una publicación de la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES) en la que se reunieron 145 investigadores de 50 países que en los últimos tres años analizaron la evolución de la salud planetaria de cinco décadas. Esta información que se basó en la revisión de 15.000 fuentes científicas y fue ampliada con el aporte de 310 investigadores, nos proporciona un panorama completo de la relación entre el desarrollo económico y su impacto en la naturaleza. Los impulsores que señalan este trabajo de deterioro de la naturaleza son los cambios en el uso de la tierra y el mar, la explotación directa de organismos, el cambio climático, la contaminación y las especies exóticas invasoras.


Unidad de monitoreo agroambiental


Nos planteamos hoy tener una mirada a distintas escalas, cómo interpretar los impactos que genera nuestra actividad y cómo identificar cuáles son las mejores estrategias de conservación y remediación de los recursos hídricos. Necesitamos tener una mirada de diferentes escalas espaciales: región, cuenca y lote o predio y saber que estas cuestiones suceden a distintas escalas de tiempo. Hay variables rápidas a corto plazo y otras que suceden a largo plazo que son variables lentas pero que también deben intervenir en la toma de decisiones. Hay diferentes abordajes que tenemos que hacer, como el monitoreo y la caracterización. Y poner foco en las tecnologías y estrategias de manejo para conservar y mitigar. Cuando ya no es posible conservar porque hemos degradado de tal manera el recurso, tenemos que trabajar en su remediación. Y cuando son cuestiones que exceden a nuestra escala de trabajo, tenemos que trabajar en la adaptación, como son las prácticas para adaptación al cambio climático.

Tomando en cuenta los cambios de los últimos 50 años, y el deterioro a nivel mundial de algunos indicadores vinculados directamente con la actividad agropecuaria, como la gestión de los nutrientes nitrógeno y fósforo, se plantea una dicotomía entre un balance negativo de nutrientes de nuestros suelos agrícolas por mayor extracción que reposición y, al mismo tiempo, también una situación de pérdida de nutrientes hacia cuerpos de agua. Esto se da fundamentalmente por asincronías temporales o espaciales entre la oferta y la demanda de nutrientes sobre la cual tenemos que avanzar y trabajar. Si bien hay mucha investigación, hay que continuar en esta línea, y también tiene que ver con la capacidad de transporte del sistema, dependiendo del volumen de agua que fluye de manera superficial y subsuperficial. Estamos entonces hablando de ampliar la mirada en la toma de decisiones.

Un trabajo a nivel regional en el Delta del Paraná, en el que se relevaron sitios seleccionados, identificados por distintos criterios para llevar adelante un monitoreo que se realizó durante tres años con una frecuencia estacional, generó un volumen importante de datos en los que se pueden observar parámetros de calidad de agua tradicionales (oxígeno disuelto en este caso). Si tomáramos ph o conductividad eléctrica veríamos una gran homogeneidad en la composición de aguas de este macro humedal entre puntos distantes a 300 kilómetros, pero no es tal cuando analizamos fracciones de nutrientes de fósforo y de nitrógeno, en las que se observan niveles importantes de aumento en las desembocaduras de arroyos.

Históricamente la carga de nutrientes en los ríos ha ido aumentando de forma paralela al incremento de las poblaciones humanas en sus cuencas, como resultado, tanto de las aguas residuales provenientes de aportes humanos, como de producciones animales o provenientes de las tierras de cultivo. Este trabajo pone en evidencia el servicio ambiental de purificación de agua que presta el Delta y la importancia de la conservación de este ambiente. A su vez, nos plantea interrogantes acerca de las fuentes de aporte de nutrientes a los afluentes que recorren la matriz productiva de la provincia de Entre Ríos.

Otro trabajo que trajo discusión y preocupación es el de la Dra. Ronco y equipo en 2016, con los niveles de glifosato en cursos de agua del Paraná. Si bien deben considerarse los distintos niveles guías de los países, marcó un punto de inflexión y una alarma vinculada a los problemas de degradación por erosión hídrica. Hay otros trabajos realizados en INTA y universidades en los cuales se han hecho evaluaciones y donde se han encontrado llegada de plaguicidas de uso en la producción agropecuaria en distintas cuencas, curso de aguas superficiales y subterráneos.
Dado el diagnóstico debemos avanzar a otros niveles de análisis sobre cuáles son las prácticas que tenemos que llevar adelante para minimizar, reducir y proteger los cursos de agua de la llegada de contaminantes en general.

Lo tenemos que hacer a otras escalas para entender cuáles son las modificaciones y las estrategias de conservación o de remediación si fuera necesario de los recursos hídricos. A nivel de cuenca, hay un trabajo que se está llevando desde 2008 en la EEA de Paraná para ir monitoreando la calidad del agua subterránea.

En esa cuenca se hace una secuencia maíz- trigo- soja, se releva la dinámica del agua superficial en ese embalse y del agua subterránea y se analizan eventos de escurrimiento, niveles de volumen de agua que llegan a este embalse y su calidad. Vinculado a N, se hicieron mediciones y pruebas con nivel guía de 10 ppm, que es el umbral internacional y, mediante experimentación adaptativa, en 2017 se observaron flujos que duplicaron los niveles en esa napa con lo que destaca que si bien para fertilización se deben evaluar necesidades del cultivo, dosis y momentos óptimos; es importante considerar la respuesta del ambiente.

En investigaciones con P, también se observaron picos que superan el umbral y que están asociados a la erosión hídrica. También se han hecho experiencias con Lemna y otros organismos acuáticos y la afectación por residuos por escurrimiento al momento de lluvia. Es importante a nivel parcela probar cuáles son las tecnologías y las estrategias de manejo que deberíamos implementar para conservar las fuentes de agua.

En Paraná tenemos dispositivos de parcelas de escorrentía que son emblemáticos, se diseñaron con un convenio de FAO hace casi 50 años para calcular la ecuación universal de pérdida de suelos y los seguimos utilizando para el diseño de las terrazas. Las piletas permiten recoger el agua y los sedimentos que salen de la parcela por escorrentía. Monitoreando secuencias de cultivo, se observa que el monocultivo de soja pierde más del 50% de agua por escorrentía que la secuencia maíz/trigo. Esto nos permite hacer mediciones y validar estas cuestiones que vemos a campo de degradación de los sistemas que no tienen diversidad, sin rotación de cultivos. Podemos observar después de una lluvia cómo queda una u otra pileta y a mayor escurrimiento tenemos mayores pérdidas de nitrógeno y pérdidas de fósforo.

La implementación de secuencias de cultivo más diversificadas puede mitigar las pérdidas de nutrientes, aunque utilicen mayores dosis de fertilizantes. Debemos seguir enfatizando la necesidad de promover las prácticas de conservación del suelo, la sistematización de tierra, acompañando a la siembra directa para poder controlar la velocidad de escurrimiento del agua de lluvia. Constituyen herramientas para minimizar no solo la erosión hídrica sino las pérdidas de nutrientes u otras moléculas asociados. También estamos llevando adelante trabajos que tienen que ver con variables que generan cambios importantes, como el cambio en el uso del suelo.

A modo de resumen

Estamos tomando decisiones a una escala de tiempo y espacio mucho menor que la escala en la que se verifican o se van a verificar alteraciones medibles en la calidad del ambiente. Esto hace necesario repensar los sistemas de producción teniendo en cuenta todas estas cuestiones que quizás en el día a día o por nuestra formación profesional nos cuesta incluir en el análisis.

Tenemos incertidumbres, como los umbrales de referencia a nivel internacional sobre calidad de agua para bebida, que tienen amplia variación de acuerdo a los países. Es algo a repensar porque es una decisión para tomar cuando se analiza un dato de concentración o detección de plaguicidas en agua. Y otra cuestión que tiene que ver directamente con la demanda de la sociedad es la exigencia que tienen las empresas proveedoras o las cooperativas proveedoras de agua potable de análisis de calidad del agua que proveen.

Los actores del sector agropecuario, agroalimentario y agroindustrial estamos informados sobre los problemas asociados a la producción agropecuaria actual y hay conocimiento para impulsar procesos de gestión sustentable del ambiente.

Hay muchas prácticas en las que estamos avanzando viendo las vías de posibilidades de implementación y repensando los actuales sistemas de producción.