REVISTA BIMESTRAL
OCTUBRE - NOVIEMBRE 2018 I NUMERO 158
BIO ECONOMIA
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Argentina
y la Bioeconomía


 
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Dr. Alejandro Mentaberry
Unidad de Coordinación General, Secretaria de Gobierno de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva
 
   

Un mundo en transición

Vivimos en un mundo en que el conocimiento científico-tecnológico revoluciona permanentemente la organización de la producción y el trabajo, promueve bruscos cambios culturales y fomenta nuevas formas de gobernanza de la sociedad. La digitalización de la industria y las comunicaciones, la biotecnología, la nanotecnología, la inteligencia artificial, la robótica y el desarrollo de nuevos materiales, son las principales fuerzas impulsoras de este proceso. Estos campos tecnológicos progresan en forma exponencial y se potencian mutuamente, generando un proceso en aceleración constante que augura una época de innovaciones sin precedentes. Las crecientes restricciones de recursos físicos, la crisis energética, las pérdidas de biodiversidad y el cambio climático global, reflejan el agotamiento del esquema productivo derivado de la revolución industrial y refuerzan la necesidad de un nuevo cambio sistémico.

Las grandes transiciones tecno-productivas fueron siempre acompañadas por incertidumbre política y grandes conmociones sociales y nuestra época no parece ser en esto una excepción. Sin embargo, hoy estamos en mejores condiciones de anticipar las posibles consecuencias de estos cambios y de implementar políticas que potencien sus beneficios y mitiguen sus efectos adversos. Los insumos de conocimiento y tecnología no son ni serán restrictivos; lo que hoy se requiere en forma urgente son visiones y políticas apropiadas para administrar las exigencias sociales y ambientales con sabiduría y en forma equitativa.

¿De qué hablamos cuando hablamos de bioeconomía?

En el contexto de la transición productiva global, la bioeconomía representa para los sectores ʺbioʺ (alimentación, agroindustria, salud, remediación ambiental, ecoturismo, etc.) la vía de entrada en la economía del conocimiento. Aunque existen varias definiciones generales sobre este concepto, la forma más fácil de comprenderlo es a partir de sus rasgos centrales:

1. La bioeconomía postula la viabilidad de procesar los recursos de biomasa en forma integral, conjugando la creación de mayor valor económico y la optimización de los procesos productivos con un mínimo impacto ambiental. La obtención de bioenergía contribuye a disminuir el uso de combustibles fósiles y la huella de carbono ("decarbonización" de la producción)

2. En contraste con épocas anteriores, el procesamiento integrado de la biomasa es ahora posible gracias al aporte masivo de conocimiento y tecnología. La convergencia de tecnologías tradicionales y de tecnologías avanzadas (biotecnología, nanotecnología, TIC, nuevos materiales) introduce un componente crítico para la articulación de la agricultura con diversos campos industriales. Asimismo, profundiza el proceso de agroindustrialización, con el surgimiento de nuevos actores y esquemas de organización económica.

3. En este marco, los deshechos agroindustriales se resignifican como insumos de nuevos procesos productivos, impulsando con este fin esquemas de economía circular, de reciclaje de materiales y de desarrollos ʺen cascadaʺ. La bioeconomía se piensa en términos de redes integradas vertical y horizontalmente, en cuyas intersecciones se configuran nichos innovativos de agregación de valor.

4. Se promueve el desarrollo de biorrefinerías, como conglomerados productivos aptos para encarar el procesamiento de la biomasa en alimentos, bioenergía, derivados químicos, biopolímeros y bioproductos terminados. La localización regional de facilidades e instituciones referidas a insumos específicos de biomasa se conceptualiza bajo la forma de bioclusters.

5. Se enfatiza la generación de valor al nivel local y se la asocia a una distribución socialmente más equitativa de la riqueza generada, a través de la creación de nuevas industrias y puestos de trabajo. Los contratos entre los productores primarios y los distintos sectores industriales contribuyen a consolidar nuevas cadenas productivas y a amortiguar las fluctuaciones propias de los mercados agrícolas.

En la visión de la bioeconomía, los tres componentes clásicos de la sustentabilidad (económica, social y ambiental) ocupan un lugar central. Si bien se asume que este camino generará un amplio abanico de nuevos productos, el énfasis no se centra solamente en ʺquéʺ producir, sino también en ʺcómoʺ producir. Idealmente, la implementación del paradigma bioeconómico no sólo debería incrementar la eficacia productiva, sino también satisfacer criterios de mayor equidad social y sustentabilidad ambiental.

Sobre esta base conceptual, más de cincuenta países (entre ellos el nuestro) han comenzado a adoptar programas nacionales que enfatizan sus respectivas ventajas competitivas. Por esta razón, no sorprende que los países fuertemente industrializados, pero con poca disponibilidad de biomasa, promuevan estrategias bioeconómicas distintas de los dotados de abundantes recursos biológicos, pero con pobre desarrollo tecnológico.

Argentina se encuentra en una situación relativamente ventajosa: es un gran productor de biomasa y posee un desarrollo industrial intermedio.

Argentina: ¿por qué bioeconomía?

La ausencia de consensos sobre modelos productivos ha dividido a la dirigencia argentina durante más de ocho décadas y explica buena parte de los bandazos (y subsiguientes crisis) que ha soportado nuestra economía. El resultado ha sido un desarrollo industrial parcial y poco competitivo, una agricultura focalizada en la exportación de commodities y una alarmante involución social. La disyuntiva "campo o industria", que devino anacrónica hace décadas, sólo se ha comenzado a disipar ante la imperiosa necesidad de integrar el desarrollo agrícola en las formas de industrialización propias del siglo XXI. Una inserción competitiva en la economía global impone incrementar decisivamente la productividad del país, y ello no puede lograrse sin una mayor densidad y diversificación de la trama productiva. En la era del conocimiento, ésto significa un esfuerzo masivo de inversión en ciencia, adopción de tecnología y fortalecimiento de la educación. Además de los rasgos generales enunciados más arriba, Argentina posee motivaciones propias para adoptar una estrategia bioeconómica. Las mismas podrían sintetizarse así:

1. Las economías regionales atraviesan distintos grados de crisis cuyo origen se remonta a un perfil productivo establecido a principios del siglo XX. La conexión de nuestras regiones con el mundo requiere una articulación más directa con las demandas mundiales y, en un contexto que tiende a diluir drásticamente las ventajas comparativas, la adopción de estrategias de calidad y trazabilidad más sofisticadas resulta imprescindible para integrase competitivamente en el mercado global.

2. Argentina posee varias regiones bioeconómicas basadas en la diversidad de sus agro-ecosistemas y de sus ofertas de biomasa. Al nivel de sus bio-regiones, ello requiere establecer políticas específicas en materia de tecnología y capacitación de recursos humanos. La gran extensión territorial del país promueve la adopción de enfoques locales de agregación de valor que disminuyan el costo logístico asociado a la producción primaria.

3. El desarrollo territorial del país es sumamente desparejo. Mientras la región central concentra la mayor parte de la riqueza y la población, el resto del país contiene grandes bolsones de pobreza (NOA y NEA) o está extensamente despoblado (Patagonia). El desarrollo integral del país requiere adoptar un camino de desarrollo que equilibre estas desigualdades. La industrialización local de la biomasa promoverá el desarrollo social, la creación de mejores puestos de trabajo y la retención de población en los pueblos y ciudades secundarias, neutralizando la migración interna a las regiones metropolitanas. La adopción de un esquema bioeconómico constituye un claro estímulo para encarar la planificación inteligente de los territorios regionales.

Fortalezas y debilidades

Los puntos de partida para impulsar en nuestro país un esquema de desarrollo bioeconómico son muy favorables. A la abundancia de recursos físicos y biológicos y la existencia de un contexto climático relativamente favorable, se suman la disponibilidad de un importante capital humano y las tradiciones de nuestra cultura productiva. La existencia de un sistema agroindustrial competitivo y de una industria biotecnológica en expansión, junto con un sistema científico-tecnológico maduro y consolidado, son pilares de apoyo ya existentes que, integrados en políticas de sustentabilidad social y ambiental podrían traducirse en un paradigma propio de intensificación sustentable. De avanzar en esta dirección, Argentina estaría en condiciones de jugar un rol pionero en una de las áreas más relevantes para su inserción internacional.

Sin embargo, cualquiera sea el camino que se adopte en el futuro, las restricciones que enfrenta Argentina son también muy considerables. En primer lugar, se requiere desterrar el mito de la riqueza fácil. Los valiosos recursos naturales que posee el país no son más que activos potenciales que requieren de inversión y trabajo a largo plazo para su eventual capitalización. En segundo lugar, el desarrollo de una cultura de la innovación precisa superar la pobre vinculación entre el sistema científico-tecnológico y el sistema productivo, lo que demandará grandes cambios en las respectivas culturas y mayor proactividad del Estado en términos de promoción e inversión financiera. En tercer lugar, y en la base de las debilidades anteriores, Argentina adolece de un enorme déficit en lo que se refiere a su capital social.

La grave degradación institucional, la ruptura permanente de contratos legales y económicos, la corrupción generalizada y la ausencia de un debate político genuino sobre el desarrollo del país, constituyen un gravoso lastre para el futuro. La coyuntura por la que atravesamos hoy merece una profunda reflexión sobre la relación entre los valores que profesamos y el futuro al que aspiramos.

Hacia el Consejo Nacional de Bioeconomía

El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (actualmente Secretaría de Gobierno) promovió desde 2013 una serie de iniciativas cuyo fin era divulgar y debatir el concepto de bioeconomía en el ámbito público y privado. De esta forma se organizaron simposios anuales a nivel nacional y regional de los que participaron aproximadamente 4.500 personas y que saldaron en la creación de foros y programas locales y en varias iniciativas de carácter general. Desde la órbita ministerial, se generaron iniciativas como la página web Bioeconomía Argentina, las antenas tecnológicas sobre bioeconomía y sobre otras áreas vinculadas con este tema, la serie televisiva de divulgación general Paradigma 3 y un curso virtual sobre bioeconomía que cuenta actualmente con unos 3.000 participantes.
En otros ámbitos, merecen destacarse, entre otras iniciativas, la creación del grupo de trabajo sobre bioeconomía de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, el Programa de Bioeconomía de la Provincia de Buenos Aires y el Programa de Bioeconomía de Ministerio de Agroindustria (actualmente Secretaría de Gobierno).

Desde mediados de 2017, el gobierno argentino decidió impulsar la articulación interministerial a fin de promover el desarrollo bioeconómico nacional. Con este fin, se constituyó el Consejo Nacional de Bioeconomía, el que actualmente incluye representantes de ocho áreas de gobierno y ha comenzado a diseñar una agenda dirigida a la creación de normativas, programas y proyectos de carácter conjunto. Asimismo, se está encarando la elaboración de mapa argentino de bioeconomía y la convocatoria a mesas y grupos de trabajo sobre una decena de núcleos temáticos específicos con la participación de participantes del sector público y privado. En esta dirección, se creó la Comisión Nacional de Biomateriales bajo la dependencia de la Secretaría de Estado de Agroindustria. Por otra parte, se fortaleció la presencia argentina en eventos como el Foro Internacional de Bioeconomía y la Cumbre Internacional de Bioeconomía, con activa participación de representaciones nacionales.

En resumen, tanto desde las instancias gubernamentales como desde las instituciones públicas y privadas, el concepto de bioeconomía está siendo activamente discutido y se encuentra ya instalado en la agenda de muchas organizaciones. Se inicia así un camino que, previsiblemente, será de gran trascendencia para el desarrollo económico y social del país.