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Jun - Jul 2020  

NUMERO 168


Ing. Agr. Juan Pablo Brichta
MN 16724*01*01


Presidente de AgroAdvance Technology

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Bioinsumos. El cambio de paradigma que llegó para quedarse.

Desde el comienzo de la civilización humana se utilizaron bioinsumos en diversas formas. Hoy su uso está en alza, debido a la mayor demanda de productos agrícolas libres de residuos. El cambio de paradigma ya comenzó, y muchos países han modificado sus políticas para minimizar el uso de controles químicos. Pero, para que esta industria se consolide, resulta fundamental contar con investigaciones profundas en áreas como producción, formulación, entrega y comercialización de los productos.

La agricultura se ve afectada negativamente por numerosos factores externos propios del ambiente más otros pertenecientes al manejo agronómico que se realice tanto en fertilización como en combate de las plagas de diversos orígenes, como bacterias, hongos, malezas e insectos, que sin ninguna duda producen mermas en rendimiento y calidad del cultivo.

En la historia de la humanidad, es algo que siempre ha preocupado y movilizado. Si nos remontamos a los comienzos de las prácticas agrícolas hace más de 10.000 años en la región de la Media Luna Fértil de la Antigua Mesopotamia (parte de la actual de región de Turquía, Irak, Siria y Jordania), encontraremos que los cazadores y recolectores fueron transformado sus hábitos, asentándose en esa región fértil y haciendo de la agricultura no una excepción sino una forma de vida. Del mismo modo, hace más de 7.500 años en China se cultivaba el arroz, y en América hace aproximadamente 5000 años se comenzaba a domesticar el maíz y la papa.

 
   

Y es entendible que en ese entonces los cultivos agrícolas sufrieran los avatares de diversas plagas y enfermedades, que sin duda, provocaban la pérdida de rendimientos con la consecuencia siempre presente de causar hambrunas en la población. Es así que desde los viejos tiempos hubo un gran incentivo en la búsqueda por evitar las mermas productivas. De ahí surge, el primer registro de uso de un insecticida, hace apenas 4500 años. Fueron los Sumerios, quienes comenzaron a utilizar compuestos de azufre para el control de ácaros e insectos, en tanto los Chinos hace aproximadamente 3200 años, utilizaban compuestos de mercurio y arsénico para el control de ciertos ectoparásitos. Los escritos de la antigua Grecia y Roma revelan que la religión, la magia popular y las alquimias, se utilizaron para el control de enfermedades y plagas. Dado que estos eran los primeros hitos en el desarrollo de pesticidas, todos los productos utilizados debían ser de origen animal, vegetal o mineral, pero de simple disponibilidad. Es así es que surgió el uso de humos para el control de moho e insectos, al igual que ciertos extractos de plantas, el alquitrán, o así mismo el agua de mar.

El DDT y sus circunstancias

Hasta comienzos de la década del 40 del siglo pasado las sustancias orgánicas derivadas de fuentes naturales se utilizaban ampliamente para el control de plagas, aunque ya existían algunos pesticidas como subproductos de gas de carbón o petróleo, o herbicidas a base de sales de sulfato de amonio y arseniato de sodio. Descubriéndose en dicha década, el DDT, que fue ampliamente utilizado, parecía tener baja toxicidad para los mamíferos y redujo el impacto de las enfermedades causadas por el mosquito, como la malaria, la fiebre amarilla, etc. El Dr. Paul Muller recibió en 1949, el premio Nobel de Medicina, por haber descubierto las propiedades insecticidas de dicha sustancia. Por entonces, los consumidores no estaban preocupados por los riesgos potenciales para la salud, y ni hablar del medio ambiente, provocados por el uso de agroquímicos.

 
   

Sin embargo, el indiscriminado y voluminoso uso de agroquímicos utilizados en la época, comenzó a generar problemas en la población. Es ahí que surgen las investigaciones de la bióloga Rachel Carson, quien destacó en su libro “la Primavera silenciosa” un nuevo conocimiento del lugar que ocupa la especie humana en el mundo, induciendo la promoción de políticas y conductas para preservar el ambiente. Fue Rachel Carson la que ayudó, con su libro y su testimonio, a la creación, años después de su muerte, de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, la conocida EPA, entidad que avanza en controlar el uso del DDT y de otros pesticidas, y a estimular la gestación de leyes que se dictaron en muchos países del planeta sobre pesticidas, insecticidas, fungicidas y productos similares.

Con el advenimiento de la “Revolución Verde” de 1960 a 1980, las nuevas tecnologías de producción de cultivos, aumentaron la producción de alimentos en los países en desarrollo mediante el uso intensivo de insumos como fertilizantes químicos, pesticidas, etc. Acompañando esta contribución al incremento de la productividad agrícola; no tardaron en llegar los efectos adversos en la salud del suelo, la calidad del agua, problemas como resistencia a los insectos, variación genética en plantas, residuos tóxicos, etc. Dicha dependencia de pesticidas químicos, conjugado con su uso indiscriminado, causaron varios efectos perjudiciales en el medio ambiente.

 
   

El reconocimiento de los efectos nocivos de los agroquímicos ha generado una corriente importante para el desarrollo de alternativas a estos insumos agrícolas sintéticos. Las necesidades propias de la producción radican en producir el máximo a partir de la disminución de los recursos naturales como restricción y el compromiso de proteger la producción de las pérdidas posteriores a la cosecha sin afectar negativamente el medio ambiente. Es en este punto clave, los bioinsumos comienzan a desempeñar un papel incipiente pero a la vez importante y vigoroso en el abordaje de estos desafíos de manera sostenible.

El advenimiento de los bioinsumos y su historia Sin embargo, no son tecnologías nuevas. Se han utilizado en diversas formas desde el comienzo de la civilización humana. Probablemente los extractos de plantas fueron los primeros controladores biológicos utilizados. Se cuenta con registros de que la nicotina se utilizó para el control de escarabajos en Prunus en el siglo XVII. Los experimentos que involucran el control biológico en insectos se remontan a 1835, cuando Agostine Bassi, demostró que un hongo (Beauveria bassiana) infectaba gusanos de seda, en 1888 el microbiólogo holandés Beijerinck aisló bacterias de nódulos de raíz y las denominó Bacillus radicícola, que más tarde Frank reclasificó como Rhizobium leguminosarum. Estos desarrollos y algunos más, fueron el puntapié inicial en los albores de los bioinsumos, como actualmente los conocemos, generando una rápida expansión institucional de la investigación agrícola a principios del siglo XX, tramo en que se desarrolló un número cada vez mayor de estudios y propuestas en la materia.

Entre esas investigaciones surgió el desarrollo de Bacillus thuringiensis (Bt). En el año 1901, Bt fue aislado por el biólogo japonés Shigetane Ishiwata, de un gusano de seda enfermo. La bacteria Bt sigue siendo hoy en día uno de los biocontroladores más utilizados. A principios del 1920 los franceses comenzaron a usar el Bt como insecticida biológico. En los Estados Unidos, en la década del 50, el uso generalizado de Bt. comenzó a consolidarse a medida que se publicaba una gran cantidad de investigación sobre su eficacia. En la segunda mitad del siglo XX, la investigación y desarrollo en bioinsumos continuó “en las sombras” y en un segundo plano, debido a la adopción generalizada de productos de síntesis, más baratos… pero más tóxicos. En 1977, se descubrió el Bacillus thuringiensis en la ribera de un río en Israel, una subespecie tóxica para varias especies de dípteros. La nueva subespecie, se denominó Bt israelensis (Bti).

 
   

En lo que respecta al control de enfermedades de plantas, se repite una similar singularidad. A principios del siglo XX, con el descubrimiento de algunos hongos y bacterias, como es el caso de Trichoderma y luego Bacillus subtilis en 1971. Con este advenimiento del estudio de la microbiología y ecología de los suelos, se identificó un sin número de microorganismos benéficos, demostrándose a posteriori, que varios de ellos eran útiles en la inoculación a escala de campo, pero pocos se desarrollaron comercialmente debido a la rápida y fácil adopción de los pesticidas sintéticos.

Luego de algunos incipientes éxitos con los bioinsumos y a medida que los costos del uso excesivo de productos químicos de síntesis se hicieron aparentes, hubo un resurgimiento en la investigación académica e industrial relacionada con el desarrollo de los biológicos. Y con la rápida expansión de la agricultura orgánica durante la última década, las tasas de adopción han aumentado considerablemente. Debido a esto, la investigación y desarrollo de nuevos bioinsumos han comenzado una escalada sin precedentes en la actividad.

En el presente

Actualmente, los bioinsumos participan con el 3 al 5% de los insumos utilizados globalmente en la agricultura. Lo relevante es su tasa de crecimiento que muestra una tendencia creciente debido a la demanda de productos agrícolas libres de residuos, un sinceramiento y comportamiento en los organismos de aprobación y control hacia procedimientos para registro más fácil que los químicos son otros impulsores sensibles del mercado de bioinsumos. A nivel mundial, el uso de este tipo de productos está aumentando constantemente, a razón de un 16% cada año, mientras que el incremento de los insumos químicos no supera el 5 %. Todo ésto denota un cambio de paradigma que ya comenzó, y que está presente en todos los protagonistas de la cadena. Esto es evidente ya que la mayoría de los países se encuentran modificando sus políticas para minimizar el uso de controles químicos y promover el uso de bioinsumos. Sin embargo, los bioinsumos todavía están regulados en gran medida por el sistema originalmente diseñado para los de origen quimico. Esto ha creado barreras de entrada al mercado, al imponer costos onerosos en ensayos y procesos de registro a la industria de los bioinsumos, en particular a los productos categorizados como biocontroladores.

Las medidas de promoción para estas tecnologías deben fortalecerse, entendiendo que al momento no se pueden suplantar unos por otros, pero si complementarse, en un manejo responsable y sustentable del sistema. Uno de los principales obstáculos para promover la alternativa de los bioinsumos es la falta de conocimiento de los mismos por los usuarios de los productos por síntesis. Esto claramente refleja una debilidad en la de red de empresas del rubro, en cuanto a recursos y capacidades. La falta de confianza entre reguladores y productores, se suma a los serios problemas que este sector enfrenta hoy día.

 
   

Ante estas dificultades para el avance de los bioinsumos, hace apenas unos 7 años que se conformó el Comité Asesor en Bioinsumos de Uso Agropecuario (CABUA), organización que favoreció el marco para que muchos expertos dedicados al desarrollo, divulgación y regulación de estas tecnologías intenten impulsar una agenda en común, para mejorar la interacción de todos los actores involucrados. Posteriormente se fundó la Cámara Argentina de Bioinsumos (CABIO), la cual reunió un conjunto de empresas importantes de dicho sector. Todos estos aspectos son hitos que tienen una directriz común, que sin ninguna duda, intenta mejorar la comprensión y divulgación de los bioinsumos, tanto al nivel usuario como técnico asesor, mostrándole las bondades en la adopción de estas tecnologías, al igual que al regulador, donde se plantean las problemáticas que comentamos.

Todos entendemos, y más en la coyuntura actual, que la seguridad ambiental es una preocupación global. Necesitamos crear conciencia entre los agricultores, fabricantes, agencias gubernamentales, responsables políticos y los hombres comunes para cambiar hacia un manejo más equilibrado del sistema, y es ahí donde los bioinsumos salen a escena, en el manejo y control de plagas y enfermedades. En la práctica, estas tecnologías de insumos todavía se consideran jóvenes pero evolucionando a paso constante y en alza. Es importante destacar y no dejar de lado que para que esta industria se consolide como tal, es necesario y fundamental contar con investigaciones profundas en muchas áreas que componen los eslabones de esta cadena, como son la producción, formulación, entrega y comercialización de los productos.

Conclusión

Los productos biológicos probablemente reemplazarán en gran medida a los productos de síntesis tanto en lo que respecta a la protección de cultivos como en fertilizantes, que en conjunto representan un mercado global que supera los 240 mil millones de dólares. Los productos biológicos controlarán las plagas, enfermedades, malezas y fertilizarán cultivos. Seguramente la utilización de productos biológicos revolucionará la agricultura moderna al desencadenar mejoras en la salubridad, aumento en la calidad y rendimiento potencial de los cultivos.

Por lo tanto, todos los actores involucrados en todos los niveles se beneficiarán de esta revolución: los consumidores estarán seguros que su alimento se cultiva de manera segura y sostenible; los productores tendrán nuevas herramientas tecnológicas para la producción agrícola y un nuevo generador de ingresos cuales podrían ser nuevos servicios sostenibles como la captación o secuestro de carbono como un medio para combatir el cambio climático. La industria, por su lado, seguramente disfrutará de un gran nuevo mercado, que garantizará un flujo creciente, sostenible y competitivo de productos biológicos.

Está muy claro que las perspectivas de futuro para los bioinsumos son auspiciosas, están atrayendo la atención mundial como estrategia más segura para la producción, el bienestar del ser humano y el ambiente. Creo que es importante saber de dónde arrancamos, pero mucho más importante es saber hacia dónde queremos ir como sociedad.